Cuando el hombre que quiere algo grande necesita el pasado,
se adueña de éste por medio de la historia monumental.

Friedrich Nietzsche, Sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida

Introducción

En este ensayo se abordará el uso del pasado ancestral en un proyecto político regional en México, en el estado de Yucatán, situándolo en una perspectiva amplia en el contexto de su época, poniendo en evidencia algunas analogías con otras experiencias políticas contemporáneas, en particular la italiana.1

El uso del pasado, y en lo específico del pasado antiguo, monumental y arqueológico, para sostener los procesos de formación nacional y legitimar proyectos políticos de corte nacionalista es bien conocido. Desde el siglo xix (e incluso antes) los estados nacionales han recurrido a la historia, a la memoria, al legado cultural ancestral, a las expresiones artísticas pretéritas, a los restos monumentales antiguos y a los vestigios arqueológicos.2 La arqueología, en particular, se torna un recurso valioso cuando existen los restos visibles de un pasado grandioso y glorioso que refuerzan y retroalimentan la memoria colectiva, como sucede en Italia, Egipto, Irán, México, India y China.

La relación peculiar entre nacionalismo y arqueología existe desde que nació la arqueología moderna en el siglo xix. La aportación de esta área a la mitología nacionalista fue notable sobre todo durante la época del romanticismo, con variaciones en los diversos países, pero siguiendo patrones similares.3 La función legitimadora de la arqueología es conocida y ha sido estudiada en sendas investigaciones.4 El foco de interés principal ha sido en muchos casos la presencia de ésta en los procesos de formación de los estados nacionales, o bien en proyectos políticos autoritarios o totalitarios como en la Unión Soviética,5 la Alemania nacionalsocialista,6 la Italia fascista,7 y la España de Franco.8
Naturalmente el periodo histórico resaltado en cada país y régimen ha sido distinto, según las posibilidades, los objetivos y la congruencia con el proyecto político; es decir, el uso político de la arqueología siempre ha sido selectivo y ad hoc. Pero esta disciplina representa sólo una parte del uso del pasado, que se extiende a los monumentos, las tradiciones pretéritas, la cultura, la historia, las expresiones artísticas y la arquitectura.

Como ya he referido antes, abordaré una experiencia política regional de carácter revolucionario en México, la de Yucatán durante el gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto (1922-1924). Para analizarla me apoyaré en algunos elementos comparativos con un caso que presenta analogías: el de Italia durante el gobierno dictatorial de Benito Mussolini en los años veinte.

La dimensión regional es un aspecto original de este estudio, ya que el uso político del pasado arqueológico se ha estudiado más a escala nacional. Las referencias analógicas y comparativas entre Yucatán e Italia son otro rasgo especial, que permite colocar el caso de Yucatán en una perspectiva más amplia, evidenciando las conexiones con el espíritu de una época donde se manifiestan las utopías y los experimentos en el marco ideológico del socialismo y el nacionalismo. Más específicamente, las analogías entre el régimen de Mussolini y el de Carrillo Puerto permiten comprender mejor el significado y el alcance del uso del pasado ancestral y arqueológico para impulsar un proyecto político transformador en el marco de la modernidad.

Parto del supuesto de que toda época histórica comparte ciertos rasgos peculiares, un zeitgeist que se materializa en ideas, proyectos, experimentos, utopías. Así, las primeras dos décadas del siglo xx traducen el imaginario y las aspiraciones del mundo occidental que se venían gestando desde el siglo anterior, en sendos experimentos políticos donde se intenta superar la sociedad elitista liberal de la belle époque, y se ensaya el socialismo, la política de masas, el Estado interventor, el nacionalismo integral y la aplicación de la ciencia a la ingeniería social. Es la búsqueda de una sociedad moderna y un hombre nuevo liberado de los acondicionamientos del pasado inmediato, pero no desconectado de sus raíces pretéritas. Las configuraciones ideológicas que resultan de esta búsqueda pueden variar alrededor de un vector “socialista” y “nacionalista”, aunque generalmente comparten las características antes mencionadas. Lo que sería específico y peculiar en las dos experiencias (mexicana e italiana) que se abordan a continuación es, justamente, el uso del pasado ancestral convertido en mito político dentro de un proyecto modernizador.

Desde luego, la revelación y el aprovechamiento de las analogías y afinidades entre experiencias políticas lejanas, aunque contemporáneas, no significa que se soslayen las diversidades entre éstas, que también son significativas. Yucatán es un caso regional, Italia uno nacional; el primero se refiere a una sociedad más “atrasada” en la senda del desarrollo económico, el segundo a una más “avanzada” (donde ya hay industrialización); el primero se despliega en un país ex colonial y “dependiente”, el segundo en uno que es metrópolis de un pequeño imperio colonial; en Yucatán la combinación del socialismo con el nacionalismo es de facto el único impulso revolucionario en el escenario y forma parte del proceso más amplio de la Revolución Mexicana; en Italia, en cambio, de inicio compite con un socialismo internacionalista y prosoviético.9

Caricatura de Carrillo Puerto, ca.
1922, sin fuente. Archivo: Franco
Savarino

No debe extrañar entonces que el manejo político de esta población rural haya sido peculiar durante la Revolución Mexicana. En pocas palabras “los mayas” (los moradores del campo que hablaban el idioma maya) no podían ser movilizados sin tener en cuenta su carácter indígena-mestizo y campesino. Además, el historial de luchas y enfrentamientos, desde la época de la Conquista hasta llegar a la Guerra de Castas del siglo XIX, hacía que Yucatán tuviese que enfrentar un problema étnico en un clima cargado de recuerdos, resentimientos y temores entre los diversos grupos y sectores étnicos y sociales de la población.11

Cuando se prendieron los primeros focos revolucionarios en 1910 (Valladolid) volvió la ansiedad por el posible estallido de una Guerra de Castas, y ésta recorrió como un fantasma los años de la Revolución cada vez que había brotes de descontento, rebeliones, movimientos y enfrentamientos violentos. Al formarse un Partido Socialista en 1916, que comenzó a reclutar a los trabajadores rurales mayas desde que Felipe Carrillo Puerto asumió la presidencia, el asunto escaló a la posibilidad imaginaria de que Yucatán se volviera, a la vez, socialista e indio, desplazando del poder a las élites criollas hispánicas que habían dominado a la península desde el siglo XVI. Desde el punto de vista de la población campesina, se abría una posibilidad de emancipación y promoción social y cultural no despreciable, aunque fuera en muchos aspectos utópica, además de quedar incluida en lógicas clientelares en una estructura política corporativa. Desde la perspectiva de los socialistas yucatecos, la movilización de las masas rurales formaba parte de una estrategia política para afianzar un proyecto revolucionario regional sobre una amplia base social en el campo.

Esta estrategia debe leerse en el contexto político de su tiempo, en las secuelas de la Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial, al finalizar un proyecto liberal elitista y comenzar la experiencia de la política de masas. Lo que lleva, no solamente en México, al estallido de revoluciones y, en algunos casos, al establecimiento de regímenes revolucionarios con liderazgo autoritario y el dominio de un partido único. José Castillo Torre, en los años treinta, comparó el régimen socialista de Carrillo Puerto con los de Stalin, Hitler y Mussolini, señalando cómo el líder yucateco, quien gobernaba uniendo los cargos de gobernador y de jefe del partido oficial, fue precursor en establecer “la firmeza de la dictadura” en contraposición con “la policromática variedad de los grupos parlamentarios”.12

Durante este periodo no sólo el socialismo, en sus variantes clásicas y marxistas, ejercía influencia en todo el mundo –en particular desde 1917 con la revolución rusa–, sino también una nueva forma de socialismo combinado con el nacionalismo, el socialismo nacional, que a partir de 1919 se identifica como fascismo en Italia. Esto implicaba cambiar los paradigmas internacionalistas, materialistas y obreristas del socialismo estándar, para incluir la dimensión étnico-nacional, amplificar los aspectos culturales, y unir a diversas clases sociales “productivas” y patrióticas en un esfuerzo común de renovación social (abandonando el esquema marxista de la lucha de clases y el cambio del modo de producción capitalista). Además, desde 1922 el fascismo se presenta con la propuesta de un tercer modelo corporativista, alternativo al individualismo democrático liberal y el colectivismo estatista soviético.13

El socialismo nacional cobra visibilidad e importancia con la Primera Guerra Mundial, al colapsar la Segunda Internacional socialista, y alcanza el poder en Italia bajo la forma del fascismo. Desde entonces se impone como un paradigma de facto en diversos países, aunque no siempre asumido explícitamente. El fascismo se caracteriza por el interclasismo, con un rol protagónico de clases medias, el nacionalismo, el corporativismo, el estatismo totalitario y una clara vocación marcial y belicista. Cabe destacar que el militarismo fascista europeo es una consecuencia de la guerra recién concluida, con la masiva presencia de excombatientes entre las filas del movimiento, algo que no se encuentra en América.

De entrada, se notan coincidencias entre el socialismo de Yucatán y el socialismo nacional europeo, incluso en su forma fascista. La más evidente es que los dos partidos políticos que guían la revolución tienen una centralidad y función similar y son contemporáneos: el Partido Socialista de Yucatán (PSY) nace en 1917 y alcanza el poder en 1922 con la victoria electoral de Felipe Carrillo Puerto, avalada por el presidente Álvaro Obregón. Por su lado, los Fasci Italiani di Compartimento nacen como movimiento en 1919, se convierten en partido político en 1921 y alcanzan el poder también en 1922 con la “Marcha sobre Roma” de Benito Mussolini, nombrado luego Primer Ministro por el Rey Víctor Manuel. Ambos partidos, el Partito Nazionale Fascista (PNF) italiano y el Partido Socialista del Sureste (PSS) –nuevo nombre del psy– alcanzaron en su momento una posición de predominio absoluto en el campo político.

Entre las coincidencias se puede destacar el modelo corporativo, que en Italia se expresa en los sindicatos, las agrupaciones juveniles del Partido y los fasci; en Yucatán son las “Ligas de Resistencia”, que tienen algunos rasgos parecidos.14 Es notable también el liderazgo carismático de Mussolini y de Carrillo Puerto, hábiles oradores capaces de hablar al pueblo con un estilo y un discurso franco y directo, de corte populista, y convertidos en vida en ídolos y héroes venerados por las masas populares. Ambos líderes se formaron en la cultura socialista ecléctica típica de los inicios del siglo xx, escalaron posiciones en los respectivos partidos socialistas hasta llegar a la cumbre (el psi y el psy). Además, fueron periodistas, excelentes comunicadores y buscaron pragmáticamente una formulación original para llevar adelante un proyecto revolucionario que apuntaba a crear un “hombre nuevo”, ese mito central de la modernidad que ambos intentaron realizar. Aquí lo más interesante es el aprovechamiento del pasado ancestral como ingrediente activo de la transformación social. Esta intuición se originó tanto de la experiencia directa de los restos vivos (cultura) y muertos (arte, monumentos, vestigios arqueológicos) de las civilizaciones pretéritas, así como de la lectura atenta de las obras de dos grandes historiadores y arqueólogos: Sylvanus Morley y Theodor Mommsen.15

El ascenso de un líder: Felipe Carrillo Puerto

Carrillo Puerto comenzó su carrera en el régimen revolucionario de Salvador Alvarado. Se desempeñó inicialmente como propagandista en el distrito de Motul, luego como miembro del Departamento de Cooperativas. En 1916 ejerció brevemente como alcalde de Motul y fue elegido diputado constituyente suplente. En el mismo año (el 2 de junio) participó en la fundación del Partido Socialista Obrero, distinguiéndose de inmediato como organizador y propagandista excepcional. Ascendió rápidamente los peldaños de la jerarquía del Partido y a principios de 1917 se convirtió en su presidente. En mayo de 1917 el partido cambió su nombre a Partido Socialista de Yucatán (PSY) y cobró fuerza con el respaldo de Salvador Alvarado.

Gracias a la obra de Carrillo Puerto el psy fue más allá de un mero soporte político del régimen alvaradista: incorporó a muchos militantes democráticos, activistas sociales y sindicalistas, se articuló en una estructura política y administrativa en contacto con la base popular, y ridiculizó sus posiciones ideológicas. El Partido reorganizado por Carrillo Puerto se convirtió así en el primer partido político moderno de Yucatán y uno de los más avanzados en su época a nivel nacional. Destaca en particular su organización, fundamentada en la red de las Ligas de Resistencia, las cuales, en su momento máximo llegaron a contar con más de 60 mil afiliados (hasta más de 70 mil, según algunas fuentes).16Las Ligas se extienden sobre todo en el ambiente rural donde funcionan como asambleas comunitarias y sirven como estructura organizativa de los campesinos y peones de haciendas. También se propagan a los pueblos y las ciudades donde su acción complementa la de los sindicatos obreros. Tanto éstos como las ligas son coordinados por la Liga Central de Resistencia en Mérida. Destaca también el perfil ideológico del Partido Socialista que es, quizás, uno de los pocos socialismos auténticos que existe en México en ese periodo, aunque fuera bastante heterodoxo y peculiar.17

La ideología que manifiestan Carrillo Puerto y los dirigentes del psi se autodenomina, y es considerada por lo general, como socialista, lo cual es correcto a grandes rasgos y en sentido amplio. Incluye, indudablemente, algunos rasgos esenciales del marxismo, como la lucha de clases y la búsqueda de la superación del capitalismo por medio de un nuevo modelo socioeconómico colectivista. Pero resulta, más bien, una ideología ecléctica, incluyendo también elementos del socialismo clásico, el sindicalismo, el anarquismo y el catolicismo social, con un estilo y una retórica nacionalista tendiente al populismo. El símbolo del Partido, de hecho, no es la hoz y el martillo sino un triángulo rojo, que evoca más bien una simbología masónica o teosófica.18 Según la original interpretación de Beatriz Urías Horcasitas:

El radicalismo yucateco hizo suyos símbolos teosóficos como el rayo (la energía universal), el triángulo (el equilibrio universal), el disco dorado (el sol como centro de la vida) y la cruz blanca (el sacrificio cósmico). En la propaganda política de Carrillo Puerto estos símbolos aparecían entrelazados a pirámides, emblemas mayas e íconos socialistas. Un mismo símbolo –por ejemplo, el triángulo– podía sumar varios significados. Además de ser símbolo teosófico, el triángulo rojo era el emblema del Partido Socialista de Yucatán y la representación de la nueva familia integrada por el padre, la madre y el hijo regenerados por una nueva espiritualidad, la eugenesia y el socialismo.19

El Popular, 17 de octubre de 1922. Archivo:
Franco Savarino

En suma, la compleja simbología del Partido Socialista de Yucatán se integra en un conjunto ideológico ecléctico y sui generis, pero congruente con su época. Tiene coincidencias, por ejemplo, con el pensamiento del filósofo, sociólogo y teósofo socialista argentino José Ingenieros, con quien Carrillo Puerto mantuvo un denso intercambio epistolar.

Entre los elementos más interesantes de esta ideología ecléctica encontramos la eugenesia, la idea de mejorar a la “raza”, que por entonces era un tema popular en los ambientes socialistas en todo el mundo, antes de ser llevado a una controversial política de estado por parte de la Alemania nacionalsocialista en los años treinta. También el régimen fascista italiano, por supuesto, incluía esta vertiente eugenésica, y fueron notables los esfuerzos hechos en Italia para mejorar la salud de la población, especialmente la salud reproductiva, mediante la higiene, la nutrición, el deporte y el apoyo a la maternidad. En Yucatán esta vertiente “eugenésica” se ve reflejada, igualmente, en las campañas de salud (antialcohólicas, higiénicas), en la educación, en el intento de promover la regulación de la natalidad y en el fomento al deporte. En 1923 el profesor Juan R. Carrillo explicó que:

[…] la escuela moderna que se implantará en el Estado, tiene fundamentos biológicos. En consecuencia, los maestros deben tomar en consideración que, como las manifestaciones evolutivas o el germen científico no se presentan en todos los niños a la misma edad, desde el punto de vista biológico es necesaria e indispensable la libertad a fin de que esta dé ocasión para que las inclinaciones hereditarias se revelen.20

La idea de una raza o estirpe sana y fuerte, ya sea “maya” en Yucatán o “itálica” en Italia, es la misma. José Vasconcelos relata un encuentro con Carrillo Puerto en 1922, donde éste se entusiasmó con el control natal:

[…] en la charla de sobremesa habíamos tratado, entre la multitud de asuntos, el problema del exceso de natalidad entre las masas desvalidas. Por aquellos días yo estaba imprimiendo y repartiendo, entre los obreros exclusivamente, un folleto de higiene anticoncepcionista. […] Y Felipe, con un entusiasmo que era lo mejor de su naturaleza, me pidió que le mandara millares de estos folletos. Y así se hizo.21

Estos aspectos apuntan a una forma de socialismo “nacional” y populista, lo cual es una clasificación correcta. Además, la reorganización de las relaciones sociales de producción y el sistema de las Ligas sugieren una cercanía con los modelos marxistas. De hecho, para sus detractores, el socialismo yucateco no era más que una forma regional de bolchevismo. Desde finales de 1917 el impacto mundial de la revolución rusa, con la retórica radical e incendiaria de Lenin, propagaba los temores de que el bolchevismo se estaba expandiendo en todo el mundo. Así, al social-populismo ecléctico de Carrillo Puerto se le puso una etiqueta “bolchevique” por sus adversarios, que también fue asumida por muchos de sus partidarios quienes admiraban a los socialistas rusos. Esta fama de bolchevique que tenía Carrillo Puerto era inmerecida, como lo pudo comprobar un periodista que visitó Yucatán en 1923:

Estaba risueño y amable Carrillo Puerto, ¿era por ventura el bolchevique yucateco, o el Lenin de la Península? […] No era el bolchevique Carrillo Puerto, sino era el SOCIALISTA Carrillo Puerto que ha implantado en aquella lejana región del henequén, el Socialismo verdadero, el socialismo que une a todos, no el socialismo […] formado por politicastros y holgazanes.22

Por su lado, José Vasconcelos –después de efectuar una visita oficial a Yucatán en 1922– liquida al socialismo yucateco al calificarlo como una “imitación apresurada de lo ruso, incompletamente conocido por Carrillo [Puerto]”, expresada en “un partido seudocomunista”.23 En los discursos y mítines del Partido “la prédica socialista era llevada adelante por gente impreparada del todo, ignorante de lo que es socialismo. En esencia todo se reducía a lanzar ‘mueras’ a la reacción y ‘vivas’ a los prohombres del momento: Obregón, Calles y el propio Carrillo”.24

Asumiendo que la recepción del socialismo en Yucatán fue bastante superficial, poco elaborada en términos doctrinarios, cabe preguntarse entonces qué se entendía en esa época por socialismo. Es probable que Carrillo Puerto y sus hombres lo vieran como un instrumento de emancipación y de lucha social, sin preocuparse mucho de las definiciones formales. Un ex militante socialista recuerda que:

En alguna ocasión le preguntaron a Carrillo Puerto en una asamblea […] ¿Qué es el socialismo? Felipe no habló del Manifiesto Comunista, Felipe no habló de Karl Marx, Felipe contestó algo que ellos [los campesinos] iban a entender, que es la fórmula de los tres mosqueteros, todos para uno y uno para todos y le entendieron perfectamente bien.25

La clasificación ideológica del socialismo yucateco para los historiadores, aun hoy, es un asunto problemático. No encaja fácilmente en una categoría, también porque existían diferencias e interpretaciones distintas entre los dirigentes y líderes socialistas.26 Las orientaciones ideológicas, como es sabido, se definieron en los dos congresos que celebró el Partido Socialista de Yucatán: el de Motul en 1918 y el de Izamal en 1921, donde se refleja claramente tanto el atractivo como las profundas diferencias entre el socialismo en Yucatán y el bolchevismo ruso. La influencia marxista, sin duda, era real, como se puede observar en las propuestas más radicales presentadas en el Congreso de Izamal: expropiar toda la tierra cultivable sin indemnización para su aprovechamiento colectivo y nacionalizar la industria en beneficio del “estado proletario”, para cumplir con las “finalidades comunistas” de las Ligas de Resistencia. 27 Pero nadie se dio cuenta, en ese entonces, que también existían afinidades con el fascismo italiano, el cual era visto, más bien, como traidor de la causa proletaria y virtual aliado del capitalismo burgués. En efecto, en el mismo Congreso de Izamal se hizo referencia a los fascisti quienes “pueden todavía aterrorizar al pueblo trabajador”.28

Tierra 13 (22 de julio de 1923).
Archivo: Franco Savarino

La cuestión “maya” en Yucatán

La ecuación para entender cómo Carrillo Puerto elegía un discurso político específico dirigido a “los mayas” no pasa únicamente por su biografía ni por su contacto con las ideas socialistas. Tiene que tomar en cuenta la coyuntura y la situación del campesinado peninsular, sus características culturales y sus memorias colectivas. Estas dimensiones se vuelven importantes también debido al pragmatismo del jefe socialista y sus colaboradores, y el débil calado ideológico del socialismo peninsular, que volvía posible buscar fórmulas heterodoxas sin chocar con paradigmas ya establecidos.

Al fin y al cabo la de Carrillo Puerto fue una elección estratégica, un cálculo político, no un arrebato de amor hacia los humildes y los indios, como la hagiografía suele describirlo. Es cierto, se puede definir la elección del “indio” como una “intuición desconcertante”, un “golpe de previsión no sacado del convencionalismo”, como lo hace José Castillo Torre, recordando que Carrillo Puerto solía decir que “Lo mejor de Yucatán es el indio”.29 Pero entonces cabe preguntarse: ¿por qué eligió construir un discurso enfocado en “indios” o “mayas” y no, simplemente, en “campesinos” o “proletarios”, como cabría esperarse de un socialista estándar?

En la época y el ambiente donde se movía Carrillo Puerto hubo poca reflexión teórica, y la discusión rigurosa sobre clase y etnia en Yucatán comenzó solamente en los años sesenta, en un medio académico cada vez más influenciado por el marxismo. La pregunta era, entonces, si la etnicidad era conceptualmente distinguible de la clase social, o si ésta era más bien una imagen deformada de aquélla. Había claras implicaciones sociales y políticas en esta cuestión. Si un grupo étnico era simplemente una clase con algunos rasgos culturales peculiares (folklore, idioma) entonces la afirmación de la identidad étnica no serviría de mucho para mejorar la posición de los grupos subalternos.30 Más recientemente la discusión sobre las relaciones étnicas se ha enfocado en la etnogénesis y la cuestión de la autoadscripción.31 El problema aquí es que la palabra maya es casi desconocida en los documentos coloniales, y así surge la duda de si los yucatecos hablantes del idioma maya realmente se ven históricamente a sí mismos como “mayas” o si la “mayanidad” puede ser, más bien, una invención colonial o postcolonial. A este respecto, Wolfgang Gabbert señala que los “mayas”, como tales, nunca han sido un grupo étnico autoconsciente y cohesionado.32 La “identidad maya”, si existe siquiera, sería un fenómeno efímero y muy localizado, limitado a pocos periodos y lugares. También Ueli Hostettler invita a contextualizar la identidad étnica en tiempos y espacios, evitando la tentación de esencializarla.33 Es también cierto que la afirmación de una cultura regional que enfatiza lo mestizo y lo “yucateco” en lugar de lo “maya”, ayuda a explicar por qué la identidad “maya” sigue siendo débil en Yucatán, sobre todo si se le compara con la identidad indígena en el sur de México y en Guatemala. Sería conveniente admitir diversos niveles de identidad circunstanciales y contextuales y sobre todo reconocer una identidad regional yucateca más amplia e incluyente que contiene, en sí, la percepción consciente de una herencia histórica y cultural común de toda la población de la península incluyendo, por supuesto, la que tiene más claramente un pasado ancestral maya.

Volviendo al enfoque político y a la época de los años veinte, podemos reconocer que Carrillo Puerto estaba consciente de que la base de su proyecto eran los campesinos. En 1920 declaró en la Cámara de Diputados que: “el Partido Socialista no ha venido de las ciudades al campo, sino del campo a las ciudades”.34 Pero el campo era poblado entonces por campesinos y peones con rasgos culturales indígenas, es decir, estaba étnicamente determinado, en contraposición a los centros urbanos, donde predominaban los criollos y mestizos hispanohablantes de clase media y alta (que en realidad eran bilingües). Esta caracterización étnica de las bases del Partido Socialista era evidente para todos y suscitaba ansiedad y terror por las memorias aún vivas de la Guerra de Castas. Carrillo Puerto lo sabía, e igual que “jugaba” con el pavor al bolchevismo, también agitaba el espectro del indigenismo, como lo habían hecho Marx y Engels en el siglo xix con el comunismo. El líder socialista alentaba expresamente la toma de consciencia pública de sus seguidores mayas. Ya en 1917 fue denunciado de forma pública por el diputado Miguel Alonzo Romero por este motivo:

Felipe Carrillo Puerto pronunció en la Plaza Grande un bárbaro discurso, amenazando a la sociedad yucateca con traer a esta capital cuarenta mil indios, para acabar con los blancos y destruir cuanto signifique civilización, en castigo de la adversidad que dicha sociedad tenía al Partido Socialista.35

Pero esta práctica discursiva no se debía, como muchos creían, a un irracional impulso devastador azuzando la supuesta sed de venganza “primitiva” de los mayas, evocando una especie de “karma” justiciero, sino en un cálculo deliberado para aprovechar los factores reales de movilización disponibles. Carrillo Puerto “trataba de capitalizar la imagen de político aliado y protector de los mayas”,36 como lo reconocían los que veían positivamente su acción emancipadora:

[Carrillo Puerto] en el alma no lleva más animación que hacer el bien y contribuir con todas las fuerzas y todo su entusiasmo para conseguir la redención del trabajador en general, y en primer término la emancipación y felicidad de la raza indígena. Y para la realización de este noble ideal que lleva en el alma, está dispuesto a todos los sacrificios y a sufrir todas las miserias.37

Este artículo escrito en 1919 en un periódico local de Hunucmá muestra claramente dos cosas: que del lado favorable a Carrillo Puerto el tono predominante no era el odio y la destrucción del mundo criollo, sino una reivindicación de justicia y de promoción sociocultural de los indígenas; y que la distinción entre trabajador y maya era borrosa y no implicaba una disyuntiva, una elección, sino una suma de identificaciones. La lucha social era, a la vez, por la emancipación del trabajador y la emancipación del maya, no importa si los dos términos, de por sí bastante vagos, no coincidieran.

¿Cuál fue el camino que llevó a este solapamiento? Es decir, Carrillo Puerto vio a los mayas oprimidos identificándolos como trabajadores, o vio a trabajadores oprimidos y se dio cuenta que eran todos (o casi todos) mayas? Es probable que fuera más lo segundo, es decir, desde su juventud comenzó a colaborar con los campesinos mayas en sus luchas, para luego pasar a un nivel más abstracto, clasista, en su etapa más madura, identificándolos como trabajadores. Naturalmente, las lecturas y el contacto con los elementos ideológicos del socialismo tuvieron un impacto en su percepción. Así se llega a ese solapamiento, tanto en Carrillo Puerto como en los socialistas que se le unieron en su proyecto, al punto de que ya no era posible discernir una capa perceptiva y semántica de la otra.

En el periódico citado antes se encuentra un movimiento semántico ya “natural” y, probablemente, inconsciente. En efecto, se hace referencia al líder socialista quien:

[…] cuando dirige la mirada hacia los campos y contempla la esclavitud ignominiosa en que se encuentra sumida la raza indígena; cuando contempla al paria miserable y hambriento, sin libertad, sin consciencia y, lo que es más triste, sin el pudor y la vergüenza de su esclavitud; no hay instante de su vida de mayor rebeldía, que cuando contempla la explotación del trabajador.38

Hay evidencia, además, de que el énfasis en los mayas aumentó durante el periodo en que Carrillo Puerto estuvo al frente del Gobierno de Yucatán, como lo señala Jorge Mantilla.39 El despegue y realización del proyecto revolucionario, probablemente, obligaron al líder socialista a acelerar y volver más explícita la maduración de sus ideas alrededor de la centralidad de los mayas en el proyecto del Partido Socialista, que venía de tiempo atrás.

Aquí cabe matizar la idea de que Carrillo Puerto se refiriera siempre y preferentemente a mayas e indios. Así como había solapamientos y fluctuaciones semánticas, en muchos discursos lo indio y lo maya se daban por implícitos y no se mencionaban. Porque era inútil y superfluo hacerlo en determinados contextos. Por ejemplo, un discurso importante de Carrillo Puerto fue el que pronunció el día de su toma de posesión como nuevo gobernador, el primero de febrero de 1922. Se dirigió a la muchedumbre, compuesta en su mayoría por campesinos y peones venidos de fuera de la capital, hablando en maya. Pero analizando este discurso, aquí no aparece nunca la palabra maya, ni indio o indígena. Comienza con:

Compañeros: para todos los trabajadores debe ser éste un día de alegría, de contento […] porque aquí estamos reunidos todos los socialistas de verdad para venir a celebrar el triunfo de nuestra causa, por la que hemos luchado mucho tiempo.40

Y así continúa, haciendo hincapié en los “trabajadores” y el “pueblo trabajador”, en una tónica socialista y populista, pero sin referencia a elementos étnicos, aparte del idioma en que se estaba expresando. Lo mismo ocurre en otros momentos importantes de su trayectoria política, como por ejemplo sus intervenciones en los congresos socialistas de Motul e Izamal, donde también la referencia étnica destaca por su ausencia. En suma, no es correcto exagerar la presencia de los elementos maya en el discurso de Carrillo Puerto hasta volverlos predominantes o exclusivos. Éstos son, más bien, elementos contextuales y estratégicos, que aparecen en lugares y momentos determinados, para acentuar una tónica populista “étnica” y obtener un efecto específico.

De mayas y romanos: el pasado ancestral como reservorio de
mitos revolucionarios

Nos desplazamos ahora de Yucatán a Italia, donde también se estaba experimentando un cambio político dramático.

Durante su visita a Roma en 1924, José Vasconcelos observó atentamente lo que estaba construyendo el fascismo. Se dio cuenta de que Mussolini estaba aprovechando muy bien la idea de Roma para dar impulso a la transformación de su país:

Mussolini, verdadero constructor de la unidad italiana según el sueño de D’Annunzio […] se ha dedicado a enraizar la unidad italiana en la única base de sustentación que puede darle fuerza, o sea, el recuerdo del Imperio que tuvo de colonia menor a Inglaterra.41

En efecto, Mussolini, como buen discípulo de Georges Sorel, sabía que el proletariado tenía que ser movilizado mediante los mitos. Y desde que pasó del proletariado a los “productores”, como protagonistas de la revolución en marcha, el mito tenía que ser necesariamente nacional. Es decir, ya no un mito “de clase” sino un mito para todo el pueblo italiano. O, más precisamente, un mito para la “nación proletaria”, evocada por los nacionalistas Giovanni Pascoli y Enrico Corradini. Ahora bien, la historia de Italia era un inmenso reservorio para la forja de mitos. Podía ser la Edad Media, el Renacimiento, el País de los santos y los Papas, el esplendor de las Comunas y las Signorie, las hazañas de los condottieri, las empresas de los navegadores o la épica del Risorgimento. Pero Mussolini elige Roma, y por razones bastante obvias: el Imperio Romano en su apogeo representa el momento de máxima gloria y potencia para las poblaciones itálicas en más de dos mil años de historia. Un momento histórico que significaba unión, fuerza, creatividad artística, genialidad y nobleza de espíritu, todo ello visible en el legado romano en la arquitectura, la lengua, el derecho, etcétera. No se necesitaba mucho esfuerzo para echar mano al mito de Roma, el cual, de hecho, ya existía y fue aprovechado por los héroes del Risorgimento, como Garibaldi y Mazzini.42 La misma palabra Risorgimento se refiere al resurgir de Roma, y el movimiento fascista se presentaba, justamente, como la continuación de este proceso en el siglo xx. En palabras de Emilio Gentile, “el fascismo condensaba en el mito de Roma y del Imperio su visión del pasado, del presente y del futuro”.43

Cuando Mussolini llegó al poder y comenzó a construir su Estado fascista, el mito romano fue impulsado oficialmente expresándose en innumerables contextos: en los libros de escuela, en la arquitectura “neoromana” del Littorio, en la simbología, en el calendario (la “Era fascista” escrita en números romanos), en la estructura de la organización juvenil del Partido, en la arqueología, en la apertura de vías y caminos, en la nomenclatura, en la iconografía, en el arte, etcétera, configurando lo que Emilio Gentile describe como una “religión política”.44

Todo ello apuntaba a una sola cosa: hacer que los italianos se sintieran dignos herederos del gran Imperio Romano y trabajaran juntos para hacer de Italia una gran nación, como lo había sido en el pasado. Una revolución antropológica tenía que convertir a un pueblo dividido, humillado y mermado en su autoestima, en un pueblo nuevo, confiado orgulloso, viril, creador y conquistador. Mirar hacia atrás, entonces, era un modo de proyectar la mirada hacia adelante y “el mito fascista de la romanidad era un mito proyectado hacia el futuro, hacia la creación de una nueva gran Italia por obra de una nueva raza de italianos que serían los Romanos de la modernidad”.45

Felipe Carrillo Puerto llegó a conclusiones análogas en Yucatán. No era conveniente o viable limitarse a apelar a los “trabajadores” para que lucharan por su emancipación contra la burguesía opresora, en una perspectiva socialista estándar. Era preciso estimular sus emociones, su sentido de orgullo por el gran legado de sus antepasados, que allí estaba: en las ruinas de las grandes ciudades de la época clásica, el idioma, el trabajo campesino, las tradiciones populares, que no habían sido borradas por la dominación española. Sólo era cuestión de evocar esa grandeza, para que empujara como un poderoso soplo las velas de la revolución. El resurgimiento del pueblo maya vendría como natural consecuencia de la toma de consciencia del grandioso pasado. La meta era forjar un nuevo yucateco y un nuevo Yucatán libre, creativo, productivo y moderno.

Tierra 25 (14 de octubre de 1923).
Archivo: Franco Savarino

Además, como en Italia, evocar el pasado ancestral en una perspectiva nacionalista permitiría rebasar a la clase social, sumando a todos los integrantes de la comunidad nacional en el proyecto de transformación revolucionaria de la misma. Desde luego, en Yucatán, esta apelación podría –en teoría– llevar a excluir a la minoría de origen española, pero era lo bastante ancha e incluyente para que el mismo Carrillo Puerto, criollo yucateco, pasara como un heredero de la civilización maya.46 La clave, aquí, era el desliz semántico entre maya y yucateco, términos que aparecían generalmente solapados. La regionalidad era el otro polo dialéctico de la etnicidad en un binomio identitario, que no era excluyente, sino integrado y sinérgico.

Es probable que la maduración de esta perspectiva peculiar y heterodoxa en el pensamiento socialista de Carrillo Puerto, además de corresponder a una tendencia cultural e ideológica de su tiempo, fuera influenciada por factores específicos como el auge de los estudios arqueológicos en Yucatán, la popularización internacional de “lo maya”, y la relación epistolar de Carrillo Puerto con el intelectual argentino José Ingenieros. Como hizo notar Jorge Mantilla, el líder yucateco “compartía con Ingenieros el pensamiento de que la revolución en América Latina debía ser un proceso de reformas sociales que respetaran las condiciones particulares de cada sociedad y de cada cultura latinoamericana”.47 En 1923 Carrillo Puerto escribió:

Mi opinión es que la característica particular del socialismo en Yucatán está constituida por el resurgimiento de la raza maya, cuyo valor en un pasado desconocido por su tiempo fue tan grande que los vestigios de su civilización aún pasman y pasmarán a muchas edades, y cuyo pasado inmediato ha sido exponente de esclavitud y de servilismo.48

El “resurgimiento” de la “raza maya” se tradujo de inmediato en una política de estado durante el gobierno socialista. Así, el pasado prehispánico fue objeto de veneración y estudios, impulsando la arqueología y las visitas colectivas a los sitios monumentales de Uxmal y Chichén Itzá. Este afán de rescate arqueológico e histórico era la vertiente cultural del proyecto político socialista que buscaba enlazar a los yucatecos con su pasado indígena prehispánico. Para “revivir” a la antigua civilización maya, fue reelaborada una historia que exaltaba el antiguo Mayab, especialmente el de la época postclásica, y la lucha del indio maya por la emancipación y la libertad, iniciando con las sublevaciones antiespañolas y terminando con la revolución socialista. Un libro de historia para las escuelas exaltaba “el carácter enérgico y tesonero del pueblo maya” y “el espíritu bravo e indomable” del jefe maya Nachi Cocom, líder de la resistencia a los españoles.49

De este modo, finalmente, se rescataba al “indio” maya de una larga historia de opresiones, conquistando una posición elevada y predominante en la sociedad. En un resumen de su obra publicada de forma póstuma, Carrillo Puerto explicó de forma lúcida su visión y el sentido de su misión para Yucatán:

Yucatán es maya. […] Nuestro pueblo tiene una larga historia; tiene un pasado grande, una fabulosa, casi misteriosa historia, una historia rica, una memoria tenaz y una paciencia infinita. Durante cuatrocientos años nuestro pueblo ha sido un pueblo de esclavos; esclavo de un extranjero que […] condenó a nuestra cultura como si esta fuera el trabajo del diablo. Fuimos físicamente conquistados por el español, pero nuestra vida cultural persistió. No sólo retuvimos nuestro bello lenguaje, nuestras costumbres, nuestro tipo de habitación, nuestra religión bajo un nuevo nombre, nuestro vestido, nuestra comida, sino también nuestros cantos, nuestras danzas y relaciones sociales que han seguido realizándose a través de los siglos, a pesar de la persecución y a pesar de la negación. El español en Yucatán ha absorbido muchos de nuestros hábitos de vida y parece más maya que español. En otras partes de México el mestizo (o mezclado de sangre) imita al hombre blanco. En Yucatán, usa nuestro vestido y canta nuestras canciones. Los indios conquistados han conquistado a su conquistador. […] La revolución en Yucatán tiene un objetivo fundamental: dar al indio maya su status de hombre libre, rescatarlo de las malas consecuencias que el estancamiento cultural y espiritual de la esclavitud gradualmente le impusieron. El éxito de la revolución aquí debe ser medido en última instancia con ese criterio.50

Por su lado, haciendo eco de las palabras del líder socialista, José Castillo Torre escribió acerca de la necesidad de incorporar los indios a la civilización “a fin de que reanuden la marcha de su glorioso pasado”. Justamente para ello se impulsaba el agrarismo y la formación de los tejidos, ya que “únicamente el día en que los indios sean propietarios, recobrarán su linaje de hombres libres y la dignidad humana que perdieron al ser desposeídos de sus príncipes y sacerdotes”.51

En la simbología pública, en las escuelas, en ceremonias colectivas, y en toda clase de evento social promovido por el Estado socialista se proponía una nueva versión de la historia peninsular, protagonizada por el maya, en contra de la vieja historia criolla y europea donde se destacaban los logros de la Conquista y la evangelización.

En Kanasín, por ejemplo, fue levantado un monumento al indio maya, obra del escultor Leopoldo Tommasi López.52 Este monumento hacía referencia a las dos rebeliones indígenas de 1761 (liderada por Jacinto Canek) y de 1847 (“Guerra de Castas”), respectivamente, representando la voluntad del pueblo maya de resistir a la opresión. Según la descripción hecha or la revista Tierra en 1923, este monumento:

Es el tal símbolo de la raza roja, de la raza vernácula, de la raza maya liberada por la Instrucción y por tal orientada a evoluciones más serenas, a revoluciones más ingentes y reivindicadoras. Al pié [de la estatua], en triángulos iguales, se leen las fechas de las dos protestas airadas, la de Cisteil, en los primitivos tiempos coloniales, acaudillada por el indómito Jacinto Canek, y la de 1847, que iniciara Manuel Antonio Ay en el legendario Tepich. En ambas y en otras que cuenta en sus polvorientos anales la Historia, quiso erguirse de su postración, de su esclavitud y de su vergüenza, y fue sometida. Ahora, al amparo de la bandera roja del Socialismo y bajo el lábaro blanco de la Escuela, [la raza maya] marcha a la conquista de su destino, siempre erguida, siempre fuerte, siempre orgullosa, de cara al Sol. Así la estirpe milenaria y gloriosa que alzó Chichén Itzá, Mitla y Palenque tiende la mirada a los nuevos códices de la Verdad y la justicia para resolver el enigma de su destino. Siglos de dominación no bastaron a apagar la llama de su energía vaciada en bronce perdurable. Centurias de dolor no llegaron a mellar su fuerte contextura atávica que la hizo invulnerable e inconmovible. Sobre ella llovieron los presagios. Sobre ella cayeron los anatemas.
Sobre ella vibraron sus iras cetro y altar y banca y capitolio. Y si las águilas empavorecidas huyeron de sus cumbres, siempre la mano roja, persistió en los muros de sus ruinas para emplazar a sus soberbios dominadores y a los déspotas que la maltrataran. Sobre sus ruinas se sentó a llorar sus lágrimas eternas el Tiempo. Quién sabe qué sibilas augurales alzaron allí su voz conminatoria urgiendo el advenimiento de tiempos nuevos. Y un soplo magnético penetró en los derruidos hipogeos y columbarios y despertó el espíritu de esa raza, yacente en regazo de siglos.53

La narrativa histórica del socialismo descansaba en un relato mitificado sobre el espíritu siempre indómito de la “raza maya”, capaz de desafiar la opresión en sus diversas manifestaciones a lo largo de los siglos, hasta llegar al tiempo presente, donde ocurre, finalmente, su toma de conciencia y redención, por medio de la revolución socialista. En palabras del presidente de una Liga de Resistencia:

[…] tenemos un solemne compromiso, si verdaderamente somos socialistas de corazón, de sostener la RAZA MAYAB [sic], de fortalecer esta sangre bravía y noble que pobló nuestros lares y de la que descendemos directamente. No consintamos en que se degenere esta raza heroica e inteligente que demuestra a los ojos atónitos del mundo sus grandezas, en sus colosales y magníficas construcciones que han desafiado airosas las inclemencias del tiempo.54

En efecto, el pasado monumental maya, puesto en evidencia por las modernas excavaciones y estudios arqueológicos, se estaba integrando rápido en la experiencia del socialismo yucateco. Durante el Gobierno de Carrillo Puerto la arqueología fue un poderoso soporte para reforzar este experimento político y para darle ese carácter peculiar que ya entonces captaba la atención de los observadores externos. Por iniciativa del Gobierno fueron impulsadas las excavaciones arqueológicas con la participación de especialistas norteamericanos enviados por el Instituto Carnegie. Sylvanus Morley fue invitado a dar conferencias sobre la antigua civilización maya y tuvo coloquios personales con Carrillo Puerto sobre temas arqueológicos. En una conferencia en la Liga Central de Resistencia, Morley se refirió al “socialismo” de los antiguos mayas y a las iniciativas para mejorar las condiciones de los mayas actuales.55

Las advertencias de Leopoldo Batres sobre los posibles daños y saqueo del patrimonio fueron tomadas en cuenta, pero no impidieron que se diera visto bueno a los arqueólogos. Incluso Manuel Galio ofreció su apoyo institucional para iniciar las excavaciones.56

En febrero de 1923 Carrillo Puerto ordenó que se “limpiara” el sitio de Mayapán, para volverlo accesible a las visitas. En julio de ese mismo año se terminó la carretera que conducía al sitio más famoso, Chichén Itzá. Al lugar acudieron columnas de automóviles, carros y gente a pie, congregándose cerca de diez mil personas que “invadieron los pueblos y rancherías vecinas a Chichén Itzá y pernoctaron […] en los mismos seculares bosques en donde los indios mayas del siglo noveno de nuestra Era construyeron los monumentos más notables de América”.57

El sábado 14 de julio tuvo lugar la ceremonia oficial de inauguración con una concurrencia multitudinaria:

En Chichén Itzá el gobernador Carrillo Puerto seguido por el pueblo, subió a la cumbre del edificio denominado El Castillo haciendo ondear la enseña nacional en aquella altura. Siguió luego una visita a todos aquellos edificios que tienen algún interés arqueológico. En la tarde, a las dieciséis, se comenzó a desarrollar la segunda parte del programa, en el edificio llamado Juego de Pelota. El estrado se instaló en el edificio de los Tigres. Magnífica fue esta parte en que colaboraron los poetas y literatos y en que cantaron los orfeones entonando cantos especialmente compuestos para las ruinas de Chichén Itzá. El número más culminante fue el discurso pronunciado por el Gobernador Carrillo Puerto en lengua maya ante los gloriosos monumentos de aquella raza que alcanzó tantos adelantos en el camino de la civilización. Escucharon al gobernador más de cinco mil personas. Explicó el significado moral que para él tiene la obra que se inauguraba que además de una gran labor material, significaba un gran paso hacia el resurgimiento espiritual del gran pueblo yucateco […] teniendo en alto mérito la grandeza de sus antepasados.58

La arenga del Gobernador de Yucatán en un sitio arqueológico monumental, evocando la grandeza del pasado ante una concurrencia multitudinaria, es un hecho realmente significativo y destaca en el ámbito de la política de masas del régimen socialista. En Italia, Mussolini hacía lo mismo delante del Colosseo y en Piazza Venezia, al lado del área del Foro Romano, ante concurrencias también multitudinarias que se llamaban “adunate oceaniche” (“reuniones oceánicas”) además de las paradas y los desfiles. Entre los dos lugares y cortando el Foro, hizo trazar una vía –bautizada Via dell’Impero– para que el pueblo de Roma conociera directamente la obra gloriosa de sus antepasados.

En efecto, la Via dell’Impero (iniciada en 1924) y la carretera de Dzitás a Chichén Itzá (concluida en 1923) tienen el mismo fin específico: acercar el pueblo a las ruinas monumentales de sus ancestros. Ambas vías tenían la función de ser rutas simbólicas y rituales recorridas por el pueblo y por sus líderes, que culminaban en los monumentos centrales: el Castillo, en Chichén Itzá, y el Colosseo, en Roma. Un libro reciente de Marco Aurelio Díaz Güemez sobre los monumentos del socialismo yucateco justamente llama la atención sobre este rol simbólico y ritual de la carretera Dzitás-Chichén y la de Muna a Uxmal, iniciada pero no terminada, que tenía el mismo propósito.59 Para Italia el rol simbólico-ritual de la Via dell’Impero en el contexto del régimen de Mussolini es ampliamente reconocido, además de obvio para quienes la hayan visitado. Los historiadores Andrea Giardina y Emilio Gentile han puesto en evidencia la inspiración “romana” del fascismo expresada, entre otras cosas, en la arquitectura y la urbanística.60 El llamado “estilo Littorio”, ecléctico y de inspiración neoromana, es el exacto equivalente del “estilo neomaya” en Yucatán.

En suma, la importancia otorgada a la arqueología es un elemento en común de los dos regímenes. En Italia Mussolini dio impulso a las excavaciones y restauraciones de sitios y monumentos romanos, en particular en Ostia y Pompeya. En Yucatán fue sobre todo Chichén Itzá, el sitio más famoso y más emblemático de la península. Además, Carrillo Puerto alentó ex profeso la búsqueda, descubrimiento y recolección de objetos y restos de la cultura maya en todo el territorio. En febrero de 1923 envió una circular a los presidentes municipales para que comenzaran la búsqueda de vestigios mayas, alegando que:

Es de una necesidad imperiosa el que manifiesten entusiasmo por nuestros monumentos que simbolizan la grandeza de nuestra raza, por lo que debemos dar pruebas de verdadero cariño a estas ruinas y probar así que no somos indiferentes al entusiasmo que han demostrado todos los Arqueólogos del mundo en su empeño por descubrir las verdades que encierran estos edificios construidos por nuestros ancestros.61

Es interesante notar cómo hay una relación directa entre la “grandeza” de los “antiguos mayas” descubierta por los arqueólogos, que estaba volviendo famoso a Yucatán en esa época, y la “grandeza” de los mayas actuales como objetivo de la revolución socialista. Esto se podría describir, en una perspectiva cultural, como una relación de retroalimentación entre la arqueología y la revolución.

Tierra 15 (15 de julio de 1923).
Archivo: Franco Savarino

Los hallazgos de las excavaciones tenían que ser enviados a Mérida, para guardarse en el nuevo Museo Arqueológico Yucateco, bajo la dirección de Luis Rosado Vega. Todos los socialistas yucatecos tenían que visitar las exposiciones e ir a ver las ruinas arqueológicas, como en un peregrinaje, para adquirir conciencia de la grandeza de sus antepasados. Carrillo Puerto en persona se encargó de visitar los sitios arqueológicos más lejanos en coche, a caballo y a pie, como reporta la revista Tierra:

En visita arqueológica a las ruinas del Sur del Estado, salieron el sábado 27 del pasado el C. Gobernador don Felipe Carrillo Puerto, el Director del “Museo Arqueológico” don Luis Rosado Vega […]. Llegados a Tekax siguieron hasta Ticum y de allí a caballo emprendieron viaje hasta las ruinas de “Chunkukab” en unión de otros visitantes de esta localidad. Allí permanecieron cosa de tres horas dedicándose a pasearlas, y tras del retorno y después del almuerzo se dirigieron a las ruinas de “Chacmultán” y “Codpol” […]. En la mañana del domingo partieron para Xayá y las ruinas de sus contornos, retornando a la una y media del día en que se embarcaron para Mérida. […] Sabemos que [el Gobernador] tiene el propósito de visitar y explorar todos los monumentos arqueológicos de Yucatán, por lejanos que se encuentren,a fin de darse debida cuenta del estado de su conservación, de su importancia y de la mayor o menor necesidad de procederse a su conservación y reparo.62

A la búsqueda, cuidado y apertura al público de los sitios arqueológicos se unía el esfuerzo de revivir el arte prehispánico. Carrillo Puerto dijo en varias ocasiones que las expresiones artísticas “mayas” tenían que reemplazar al arte occidental como nueva forma artística del pueblo y para el pueblo:
“Nuestro arte se enloda y atasca en el mal camino que le trazó Europa. Yucatán tiene admirables ruinas mayas que atraen hoy la atención del mundo, por su originalidad maravillosa. Que ese arte sea para el pueblo”.63 El Gobernador dio instrucciones para que todo edificio nuevo en Mérida y en el interior del estado fuera construido con motivos “mayas”. La introducción de elementos como el arco falso, las grecas, las serpientes y los mascarones eran la expresión regional del estilo arquitectónico “nacionalista” mexicano, ecléctico con elementos de inspiración prehispánica, que evolucionará más tarde en el Art Déco nacional.64 No fue mucho lo que se construyó entre 1922 y 1923 por la escasez económica y por la brevedad del gobierno de Carrillo Puerto, pero lo poco que se hizo es, de todos modos, significativo. Si este gobierno hubiera durado más y contara con más recursos, es probable que hubiera impulsado con vigor el estilo arquitectónico neomaya, inspirándose en el gran legado prehispánico. Leopoldo Tommasi López en un escrito posterior refleja la admiración de la época socialista por ese legado:

La arquitectura maya está reconocida como una de las más grandes manifestaciones del arte, que se distingue por sus definidas características formales y simbólicas, por su indiscutible originalidad y singular fórmula geometrizante en el agrupamiento de las distintas partes de su composición.65

El régimen socialista también apoyó a la lengua maya, imprimiendo abundantes materiales propagandísticos, informativos y literarios en este idioma. Por ejemplo, se hicieron reediciones populares del Popol Vuh y del Chilam Balam. Carrillo Puerto expresó el deseo de convertir el maya –que él hablaba corrientemente– en idioma oficial del Estado. En su afán por ensalzar al mundo maya, incluso, difundió la especie de que él era descendiente directo del héroe Nachi Cocom y como aquél, líder supremo del levantamiento del pueblo maya contra la opresión.66

Conclusiones

Finalmente, si se examina la actuación del régimen socialista de Felipe Carrillo Puerto, se puede reconocer que éste impulsaba un proyecto revolucionario con vertientes culturales sui generis. El proyecto apuntaba a “rescatar” al pueblo de su condición empobrecida y subalterna, exaltando sus tradiciones y memorias ancestrales más significativas, al mismo tiempo que buscaba convertir a los campesinos en agentes productivos independientes de la clase terrateniente. En términos marxistas se podría decir que el proyecto operaba tanto en la infraestructura como en la superestructura. Se desviaba de un esquema marxista ortodoxo al buscar elementos de fuerza culturales, aprovechando especialmente el pasado ancestral, para dar impulso a la revolución socialista, motivando y vigorizando a los campesinos movilizados por el Partido Socialista.

El discurso político del socialismo yucateco se refería explícitamente al legado de la civilización cuyos vestigios se encontraban por todos lados en Yucatán y que estaba popularizando “lo maya” fuera de Yucatán creando, incluso, una moda cultural internacional. Este discurso se concretizó en actos, prácticas e instituciones que operaban para restituir al pueblo de Yucatán su orgullo, voluntad creadora y confianza en su destino mediante la evocación de la grandeza pretérita. Esto era muy parecido a lo que hacía, en Italia, el régimen de Benito Mussolini.

Tanto en Italia como en Yucatán en los primeros años veinte, independientemente de los dos contextos, se estaban ensayando experimentos políticos radicales con claros matices culturales. Reflejando una tendencia y atmósfera cultural de su época, estos experimentos buscaban dar impulso a una transformación radical de la sociedad según patrones modernistas, pero aprovechando el legado histórico y ancestral para movilizar a las masas populares. Tanto el socialismo yucateco como el fascismo italiano se desviaban de las corrientes políticas estándar de su época, recorriendo caminos nuevos y heterodoxos. En esta perspectiva, el régimen socialista de Carrillo Puerto en un contexto geográficamente remoto y exótico, y operando en el nivel regional, se colocaba a la vanguardia entre las experiencias políticas más creativas e innovadoras de su época.

NOTAS

1 Una primera versión de este ensayo se presentó como ponencia en el X Congreso Internacional de Mayistas (en Izamal, Yucatán, del 26 de junio al 2 de julio de 2016), con el título: “El discurso político ‘maya’ en Yucatán durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto”.

2 Ver Anthony D. Smith, La identidad nacional (Madrid: Trama Editorial, 1997).

3 Bruce Trigger, “Romanticism, Nationalism and Archaeology”, en Nationalism, Politics, and the Practice of Archaeology, ed. Philip L. Kohl y Claire Fawcett (Cambridge: Cambridge University Press, 1995), 263- 279.

4 Philip L. Kohl y Claire Fawcett (eds.), Nationalism, Politics, and the Practice of Archaeology (Cambridge: Cambridge University Press, 1995) y Michael L. Galaty y Charles L. Watkinson (eds.), Archaeology Under Dictatorship (New York: Springer, 2004).

5 Leo S. Klejn, La Arqueología Soviética: Historia y teoría de una escuela desconocida (Barcelona: Crítica, 1993).

6 Heather Pringle, El plan maestro. Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi (Barcelona: Mondadori, 2011).

7 Marla Susan Stone, The Patron State: Culture and Politics in Fascist Italy (Princeton: Princeton University Press, 1998).

8 Carlos Tejerizo García, “Arqueología y nacionalismo en el movimiento: Apuntes sobre la arqueología de época visigoda durante el segundo Franquismo”, ArqueoWeb 17 (2016): 144-162.

9 Franco Savarino, “Apuntes para una lectura paralela de dos revoluciones: México e Italia, 1911-1925”, en Visiones Históricas de la frontera. Cruce de caminos. Revoluciones y cambios culturales en México, coord. Franco Savarino y Jorge Chávez (Ciudad Juárez: El Colegio de Chihuahua, 2013), 303-335.

10 Enrique Rodríguez Balam, “Choles, mayas y mestizos en el sur de Yucatán”, Península 2, vol. 8 (diciembre, 2013): 65-85.

11 Franco Savarino, “El peligro indio. La Guerra de Castas de Yucatán en el imaginario histórico regional”, Cuicuilco 21, vol. 8 (enero-abril, 2001): 231-249; Franco Savarino, “La definición de una relación interétnica. Yucatán: 1847-1937”, Ketzalcalli 1 (2004): 60-87.

12 José Castillo Torre, A la Luz del relámpago. Ensayo de biografía subjetiva de Carrillo Puerto (México: Botas, 1934), 36. Castillo Torre fue colaborador de Alvarado de 1915 a 1918, y luego consejero y amigo de Felipe Carrillo Puerto en 1922-1923. Más tarde fue diputado federal y senador.

13 Sobre el fascismo en general el estudio mejor y más completo disponible actualmente en español es: Emilio Gentile, Fascismo. Historia e interpretación (Madrid: Alianza, 2004). Para los orígenes del fascismo ver también Zeev Sternhell, Mario Sznajder y Maia Asheri, El nacimiento de la ideología fascista (Madrid: Siglo xxi, 1994).

14 Las Ligas de Resistencia son una creación original de los socialistas yucatecos. No son iguales a los soviets rusos ni a los fasci italianos, pero comparten elementos de ambos, ya que tienen un fuerte matiz corporativo (como los fasci) y funcionan como asambleas colectivas (como los soviets).

15 Morley fue, incluso, colaborador del gobierno de Carrillo Puerto en el rescate y difusión de la civilización maya mediante conferencias y proyectos de excavación y restauración. Por su lado, Mussolini solía citar a Mommsen en sus discursos cuando aludía a la civilización romana.

16 Antonio Bustillos Carrillo, Yucatán al servicio de la Patria y la Revolución (México: Casa Ramírez Editores, 1959), 207. Aquí se reporta una cifra de 72 598 miembros de las Ligas de Resistencia.

17 Sobre la actuación socialista de Carrillo Puerto ver Enrique Montalvo y Francisco José Paoli Bolio, El socialismo olvidado de Yucatán (México: Siglo xxi, 1987), 50-175; Gilbert Joseph, Revolución desde afuera. Yucatán, México y los Estados Unidos 1880- 1924 (México: fce, 1992), 217-296, y Franco Savarino, Pueblos y nacionalismo. Del Régimen oligárquico a la sociedad de masas en Yucatán, 1894-1925 (México: inehrm, 1997), 369-414.

18 Se sabe que Felipe Carrillo Puerto estuvo afiliado a la masonería. Curiosamente, también el Partido Fascista italiano (oficialmente antimasónico, aunque entre sus militantes abundaban los ex masones) tenía entre sus símbolos un triángulo, pero de color negro.

19 Beatriz Urías Horcasitas, “El poder de los símbolos/los símbolos en el poder: teosofía y mayanismo en Yucatán (1922-1923)”, Relaciones 115, vol. XXIX (verano 2008): 196.

20 Juan N. Carrillo, “Los factores biológicos de la educación”, Tierra 25 (14 de octubre, 1923): 24.

21 José Vasconcelos, Memorias. II. El Desastre. El Proconsulado (México: Fondo de Cultura Económica, 1993), 88. Felipe Carrillo Puerto contactó a Margaret Sanger, líder del movimiento anticonceptivo en Estados Unidos, y se comprometió a extender las prácticas de control natal en Yucatán. Véase “Interesantes entrevistas entre la Sra. Ana Kennedy y nuestro ‘leader’ el ciudadano Felipe Carrillo Puerto, acerca del control de los nacimientos”, Tierra 28 (4 de noviembre, 1923): 9 y 23.

22 Adrián Guerrero Díaz, “Impresiones de Yucatán”, Tierra 24 (7 de octubre, 1923): 7.

23 Vasconcelos. Memorias. II, 89.

24 Vasconcelos. Memorias. II, 90.

25 Rafael Pérez Taylor, Entre la tradición y la modernidad: antropología de la memoria colectiva (México: unam, 1996), 67.

26 Sobre el tema de la ideología del psy, ver Montalvo y Paoli Bolio, El socialismo, 61-71 y 139-150.

27 Segundo Congreso Obrero de Izamal (México: cehsmo, 1977), 55-58.

28 Segundo Congreso Obrero de Izamal, 104.

29 Castillo Torre, A la Luz del relámpago, 91.

30 Ronald Loewe, Maya or Mestizo: Nationalism, Modernity and its Discontents (Toronto: Toronto University Press, 2011).

31 Matthew Restall, “Maya Etnogenesis”, The Journal of Latin American and Caribbean Anthropology 1, vol. 9, (March 2004): 64-89.

32 Wolfgang Gabbert, Becoming Maya. Ethnicity and Social Inequality in Yucatán since 1500 (Tucson: Arizona University Press, 2004).

33 Ueli Hostettler, “Rethinking Maya Identity in Yucatan, 1500-1940”, The Journal of Latin American and Caribbean Anthropology 1, vol. 9 (march 2004): 187-198.

34 Discurso de Felipe Carrillo Puerto, en Diario de los Debates de la Cámara de Diputados (DDCD), 11 (2 de noviembre, 1920).

35 Discurso de Miguel Alonzo Romero, en el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados (DDCD), 25 (22 de septiembre, 1920).

36 Jorge Mantilla Gutiérrez, Hombre nuevo, mundo antiguo. Felipe Carrillo Puerto (Mérida: sepey, 2012), 333.

37 Discurso de Miguel Alonzo Romero, en el Diario de los Debates de la Cámara de Diputados.

38 Mantilla Gutiérrez, Hombre nuevo, 335.

39 Jorge Mantilla Gutiérrez, “Los mayas en el pensamiento político de Felipe Carrillo Puerto”, Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán 233, vol. 20 (abril-junio 2005): 26-43.

40 El discurso se encuentra transcrito en español en: Antonio Bustillos Carrillo, Yucatán al servicio de la Patria y la Revolución (México: Casa Ramírez Editores, 1959), 269.

41 Vasconcelos. Memorias. II, 416.

42 Andrea Giardina y André Vauchez, Il mito di Roma. Da Carlo Magno a Mussolini (Bari: Laterza, 2000).

43 Emilio Gentile, Fascismo di pietra (Bari: Laterza, 2007), v.

44 Emilio Gentile, Il culto del littorio. La sacralizzazione della politica nell’Italia fascista (Roma/Bari: Laterza, 1998); Emilio Gentile, Le religioni della politica. Fra democrazie e totalitarismi (Roma/Bari: Laterza, 2001). Ver también Franco Savarino. “Fascismo y sacralidad: Notas en torno al concepto de “religión política”, Nóesis, número especial, vol. 24 (julio-diciembre 2015): 112-137.

45 Gentile, Fascismo di pietra, viii.

46 Es probable, aunque al momento no encuentro pruebas concretas de ello, que Carrillo Puerto haya tenido contacto con las ideas de Georges Sorel. Si esto se pudiera comprobar, reforzaría la perspectiva del régimen socialista yucateco como una variante “soreliana” del socialismo, como lo era, efectivamente, el fascismo italiano en sus inicios.

47 Mantilla Gutiérrez, Hombre nuevo, 337.

48 Mantilla Gutiérrez, Hombre nuevo, 340.

49 Manuel Castilla Solís, Elementos de historia de Yucatán (Mérida: Talleres “Pluma y Lápiz”, 1918), 32.

50 Felipe Carrillo Puerto, “El nuevo Yucatán”, Survey, vol. 52 (mayo 1924): 138-142, citado en Montalvo y Paoli Bolio, El socialismo, 217-218. Resaltado propio.

51 José Castillo Torre, El país que no se parece a otro (México, Editorial Cultura, 1946), 200. La primera edición de esta obra es de 1934.

52 Leopoldo Tommasi López (1899-1976) fue un destacado arquitecto, escultor y dramaturgo. Nació y falleció en Mérida. Fue el mayor de los hijos del escultor Leopoldo Tommasi Alivoni, cónsul de Italia en Mérida. Con una beca del Gobierno del Estado, viajó a Madrid para dedicarse al estudio de la arquitectura y de la escultura en la Real Academia de San Marcos. Residió en la Ciudad de México y luego en Morelia, Veracruz y León donde ejerció la arquitectura. Desempeñó diversos cargos: Subjefe de Obras Públicas durante el gobierno de Carrillo Puerto (1922-1924) y titular de la Dirección general de Bellas Artes en la administración 1970-1976. Su tarea como escultor se encuentra representada en el monumento a Felipe Carrillo realizado en 1926 y ubicado en el Paseo de Montejo. (Roldán Peniche Barrera y Gáspar Gómez Chacón, Diccionario de Escritores de Yucatán [Mérida: Editorial cepsa/Instituto de Cultura de Yucatán, 2003], 135).

53 “El símbolo de la raza”, Tierra 1 (1 de mayo, 1923): 27.

54 S. Castilla, “Informe que presenta el C. Presidente de la Liga de Resistencia de Baratilleros “Andrés Ortega” de las actividades desarrolladas por esta agrupación”, Tierra 25 (14 de octubre, 1923): 20.

55 Álvaro Gamboa Ricalde, Yucatán desde 1910. Vol. III (México: s/e, 1955), 287.

56 José Juan Cervera, “La exploración arqueológica en Yucatán durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto”, en La revolución en Yucatán. Nuevos ensayos, comp. Gaspar Gómez Chacón (Mérida: Secretaría de Educación del Estado de Yucatán/CEPSAEditorial, 2012), 129-156.

57 Gamboa Ricalde, Yucatán desde 1910, 297.

58 Comisionado de Prensa, “El éxito de la inauguración del Camino de Chichén Itzá. El gobernador Carrillo habĺó en maya”, Tierra 15 (5 de agosto, 1923): 10.

59 Marco Aurelio Díaz Güémez, El arte monumental del socialismo yucateco (Mérida: uady/Compañía Editorial de la Península/Patronato Pro Historia Peninsular, 2016), 106-111.

60 Giardina y Vauchez, Il mito di Roma; y Gentile, Fascismo di pietra.

61 Felipe Carrillo Puerto, “Circular a los presidentes municipales Nº 10”, agey, Fondo Municipios, Abalá. Caja 10, vol. 30, exp. 1. Mérida, 28 de febrero de 1923.

62 “Visitando las ruinas del Sur”, Tierra 28 (4 de noviembre, 1923): 21.

63 Castillo Torre, A la Luz del relampágo, 104.

64 El neomaya es un estilo arquitectónico ecléctico caracterizado por elementos como arcos falsos, grecas, columnas en forma de serpientes, cornisas con motivos prehispánicos, tamborcillos, deidades y mascarones, formas monumentales, escalinatas y pórticos. Cabe destacar que el apogeo de la arquitectura de inspiración “neomaya” ocurre después de la muerte de Carrillo Puerto, durante los gobiernos socialistas que le sucedieron en los años veinte y treinta, que disponían de más recursos económicos. Por ejemplo, la monumental “Casa del Pueblo” en Mérida, sede del Partido Socialista, construida enteramente en este estilo, fue inaugurada en 1928. Fue obra del arquitecto italiano Angelo Bachini, quien venía con la experiencia de la arquitectura ecléctica “neoromana” en auge en la Italia fascista. Ver Nicte-Há Gutiérrez Ruiz y Claudio Alberto Novelo Zapata, “La arquitectura neomaya en Yucatán: en búsqueda de la identidad nacional”, ASRI – Arquitectura y Sociedad. Revista de Investigación 4 (abril, 2013), http://asri.eumed.net/4/arquitectura-neomaya.html. Para comprender los estilos arquitectónicos de inicios del siglo xx y el cambio de sistemas constructivos, ver Elisa Drago, “¿Cuestión de estilos? Medios impresos, oscilaciones formales y constructivas en la práctica arquitectónica en México (1921-1933)”, Boletín de Monumentos Históricos 36 (enero-abril 2016): 130-158.

65 Leopoldo Tommasi López, La ciudad de ayer, de hoy y de mañana (México: Editorial Cultura, 1951), 322.

66 Joseph, Revolución desde afuera, 255. Cabe destacar que, en Italia, Mussolini alentaba su identificación con el emperador Augusto en actos públicos y en la iconografía. En ambos casos el uso explícito del mito tiene sentido en una perspectiva soreliana.


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Franco Savarino
Escuela Nacional de Antropología e Historia
francosavarino@gmail.com


Fecha de recepción: 29 de mayo de 2017
Fecha de aceptación: 27 de septiembre de 2017

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DOI: http://dx.doi.org/10.22201/fa.2007252Xp.2017.16.62910