Introducción

Las perspectivas teóricas y metodológicas de la historia comparada, conectada o transnacional, son cada vez más empleadas para la investigación sobre América Latina.2 En el campo de la investigación urbana han permitido, entre otras cosas, estudiar el intercambio de teorías y prácticas entre esta región y Europa, desde una visión crítica a la versión de las simples “influencias”, preguntándose por procesos de doble vía, donde la producción local y la apropiación son decisivas.3 En el movimiento que permite esta mirada comparada, pueden estudiarse las similitudes y puntos de encuentro, pero también las diferencias y particularidades de cada país o ciudad.

Al mismo tiempo, este movimiento puede enriquecerse con la metodología del cambio de escala de observación propuesta por el historiador Giovanni Levi, que busca entender funcionamientos locales desde casos específicos, sin desconectarlos de contextos geopolíticos: “La consideración de la pequeña escala se propone, entonces, como un modo de captar el funcionamiento real de mecanismos que, en un nivel ‘macro’, dejan demasiadas cosas sin explicar”.4

Siguiendo las herramientas de la historia comparada y del cambio de análisis de escala de observación, el presente artículo exploratorio busca comprender algunas particularidades de la investigación urbana en Colombia entre 1960 y 1990, situándola en las trayectorias latinoamericanas y haciendo énfasis en algunos puntos comparativos con el caso de México. Para dicho propósito, se presentan cuatro apartados: el primero, una mirada geopolítica a los inicios y consolidación de los estudios urbanos en América Latina; el segundo, la revisión de algunas de las teorías y modelos que predominaron entre las décadas de 1960 y 1980; el tercero, que esboza líneas posibles de estudios comparados entre México y Colombia, y el cuarto, algunas reflexiones finales.

La exploración se apoya en balances historiográficos sobre la investigación urbana disponibles a nivel de país y realizados en conjunto para América Latina desde finales de la década de 1980. Entre ellos, cabe destacar los cuatro volúmenes de La Investigación urbana en América Latina: caminos recorridos y por recorrer, resultado del seminario realizado en Quito, Ecuador, en 1987;5 las investigaciones emprendidas dentro del Proyecto Internacional Iniciativa Global para la Investigación Urbana –guri–, presentado, entre otras publicaciones, en el libro Latin American, Urban Research in the Developing World6 y los dos volúmenes de Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina que recogen las discusiones del seminario en ciudad de México en 2011.

  1. Los inicios de los estudios urbanos en América Latina, una mirada geopolítica

El 11 de septiembre no sólo ha hecho despolmarse a las torres del World Trade Center. Al menos por un instante ha hecho visible el espacio en cuyo centro estaban. En tiempo histórico fue sólo un segundo, pero bastó. Lo que fue alcanzado eran torres, no sólo símbolos. Capitalismo no es sólo el nombre de un sistema, sino un sistema que tiene lugar. Y sus bancos, sus analistas, su estructura inabarcablemente compleja, sus nudos neurálgicos, sus venas y arterias.7

Karl Schlögel

Como lo recuerda el historiador alemán Karl Schlögel, y aunque pareciera una evidencia que no es necesario señalar, el capitalismo tiene expresiones y consecuencias espaciales. Los procesos de industrialización, globalización y urbanización han impactado las configuraciones urbanas y rurales,8 así como las discusiones ideológicas y el diseño de las ciudades; es decir, tanto las formas de producción y circulación del conocimiento, como los procesos de planificación e intervención estatal y privada. Y, por tanto, tienen consecuencias sobre individuos, sociedades y naciones. En este sentido, cabe destacar los aportes del geógrafo estadounidense David Harvey 9 a propósito de las consecuencias espaciales del capitalismo en sus múltiples facetas.

En el caso latinoamericano, por ejemplo, la “nueva división internacional del trabajo” ocurrida en la década de 1990 tuvo consecuencias tanto en el plano continental como en el nacional, implicando la reestructuración de la producción, la apertura del comercio y la preferencia creciente por los mercados exteriores. Tales fenómenos se expresaron en la redistribución espacial de la industria y de la población en la nueva articulación de las relaciones económicas entre las distintas regiones y en la reestructuración del sistema de ciudad.10 Y, paralelamente, a partir de los años noventa, hay una fuerte influencia de la teoría de las ciudades globales, que tuvo como resultado una importante corriente de estudios urbanos de la globalización enfocados en las problemáticas de las grandes metrópolis latinoamericanas. Éstos abarcaban temas como la segregación socioespacial y las funciones económicas globales y su organización en red.11

A propósito, cabe señalar que los estudios urbanos son una oportunidad para realizar ejercicios críticos y comprensivos de estas realidades cambiantes pero, a su vez, están permeados por procesos geopolíticos y geohistóricos que inciden en sus agendas de trabajo, en sus perspectivas teóricas y herramientas metodológicas, y son limitados o potenciados por instituciones.

Remontándonos a sus comienzos –y sin olvidar que fue un proceso desigual en el continente–, varios estudiosos coinciden en que el inicio y auge de los estudios urbanos de América Latina, tanto desde la academia como desde los entes gubernamentales, está relacionados con el aumento exponencial de las poblaciones en la primera mitad del siglo XX y las consecuentes “problemáticas urbanas” de la nueva masa de pobladores urbanos que empezaron a visibilizarse, como la carencia de servicios públicos, vivienda y empleo. Sin embargo, esta correspondencia entre crecimiento e inicio de los estudios urbanos no fue la única motivación. La geopolítica mundial jugará un papel clave en la aparición y en los avatares tanto de la planificación como de los estudios urbanos en la región.

Sin duda, las acuciantes problemáticas urbanas fueron centrales en la preocupación de estudiosos, intelectuales y políticos de los países latinoamericanos en las décadas de 1950 y 1960. Pero esto no debe hacer olvidar que las agendas locales y nacionales estuvieron marcadas por múltiples estrategias de la Guerra Fría, promovidas por potencias que se disputaban el poderío, como Estados Unidos, la urss, Francia e Inglaterra –por no remontarnos hasta los procesos de colonización e imperialismo ocurridos en América Latina a través de toda su historia. Bajo las banderas de la cooperación y la circulación académica, estas potencias aprovecharon para acercar estudiantes a sus países y para enviar avanzadas de asesores, docentes, investigadores y programas que representaban sus posiciones políticas e intereses. Por ello, los énfasis temáticos, las perspectivas y los enfoques teórico-metodológicos de las primeras décadas de los estudios urbanos deben leerse en este marco.

lo largo del siglo xx, asociados con el boom económico de los países que empezaban a industrializarse en América Latina, pero también con las crisis y guerras que sacudían a Occidente, como la Gran Depresión de 1930,12 empezaron a llegar misiones extranjeras que tenían como propósito estudiar los países latinoamericanos. Al principio produjeron informes que tuvieron hondas repercusiones, tanto por el diagnóstico como por las recomendaciones. En el caso colombiano, en la primera mitad del siglo se destacan las Misiones Kremmer; en la segunda mitad, la Misión del Banco Mundial, dirigida por Lauchin Currie; los sucesivos informes de la Cepal (presentados desde 1955) y, desde Francia, la Misión de Economía y Humanismo que desembocó en el Informe Lebret (1958).13 Al lado de estas Misiones, programas como la Alianza para El Progreso, los Cuerpos de Paz y el Informe Atcon tuvieron consecuencias tanto en la vida barrial, como en las políticas estatales y económicas, además de en la reorganización del sistema educativo del país.

Involucrados en proyectos políticos y económicos amplios, como los anteriormente descritos o en iniciativas académicas, expertos y especialistas de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y la urss –con motivaciones políticas, económicas y/o académicas, desde sus países y en ocasiones desde la región–, estudiaban nuestras realidades y se ocupaban de temas latinoamericanos.14 En ocasiones, la visita o permanencia de personajes ha sido estudiada de manera aislada, otorgándoles todo el protagonismo y sin considerar el contexto y los intereses geopolíticos en los que estuvieron involucrados.

Entre los aportes de extranjeros que fueron fundamentales en los inicios de los estudios urbanos se destacan los del historiador norteamericano Richard Morse.15 En especial, su trabajo pionero de 1965, La investigación urbana latinoamericana: tendencias y planteos, reconocido como uno de los primeros intentos por estudiar la producción académica sobre la región. Narrando la complejidad de emprender una revisión completa de la investigación de ese momento sobre urbanización latinoamérica, da algunas pistas de dónde podían encontrarse aquellos estudios: en despachos gubernamentales y universitarios donde circulaban documentos de trabajo, estudios locales y comparativos, realizados desde diversas disciplinas que contribuían al campo, como la historia, la planificación y la arquitectura, la antropología social, la sociología, las ciencias políticas, la economía y la ecología.16

Además de tener lugar en las administraciones públicas y en las aulas universitarias en América Latina, en las décadas de 1960 y 1970 se crearon y consolidaron varias instituciones y espacios que impulsaron los estudios urbanos. En el caso de México el tema urbano empezó a tener lugar en la academia, destacándose el Centro de Estudios Demográficos de El Colegio de México –hoy Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales, cedua–; la primera maestría en Planeación Urbana en la unam, en 1968, y de Planificación en el Instituto Politécnico Nacional; la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana (uam) en 1974 –como su nombre lo indica, con una clara vocación metropolitana desde sus inicios– y del Centro de Estudios del Medio Ambiente (cema). Estas iniciativas fueron claves para posteriores desarrollos multidisciplinarios, como el Programa de Investigación en Estudios Metropolitanos de la uam, creado en 1986, y el Programa Universitario de Estudios de la Ciudad de la unam, iniciado en 1994.17

En el campo de los centros de investigación especializados, con sede en Francia y Estados Unidos –activos en la actualidad–, se encuentran el Institut des Hautes Etudes de L’Amérique Latine, fundado en 1954,18 y la Latin American Studies Association, creada en 1966.19 Organismos multilaterales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), especialmente con la Fundación de las Naciones Unidas para el Hábitat y los Asentamientos Humanos (FNUHAH) en la década de 1970; el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), desde 1959, y la Cepal, desde 1948, también han sido claves en la producción de conocimiento especializado (como los indicadores) y en el financiamiento de investigaciones de largo alcance, seminarios y publicaciones, teniendo una amplia incidencia en las agendas latinoamericanas hasta la actualidad.

Otras instituciones, de carácter latinoamericano, y Organismos No Gubernamentales (ONG) que son claves para entender el desarrollo de los estudios en aquella época fueron la Sociedad Interamericana de Planificación (SIAP), constituida en 1957 y que reunía a los planificadores y editaba la primera revista latinoamericana de alcance continental,20 y la Comisión para el Desarrollo Urbano y Regional, dentro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), activa desde 1960 en la promoción de seminarios y fomento de las publicaciones. Igualmente, la presencia de fundaciones, como la Ford, es clave en esta lectura geopolítica, atravesando no sólo la formación a través de becas de estudio a latinoamericanos, sino también el intercambio y la discusión a través de los eventos, seminarios, cursos y publicaciones.

  1. De las teorías, modelos y praxis

Al lado de la incidencia en las agendas, en los temas abordados y de las instituciones que se crearon para jalonar los estudios urbanos, también el campo de las teorías y metodologías ha estado atravesado por condiciones geopolíticas. Para algunos, los debates ideológicos sesgaron y limitaron los estudios urbanos desde sus inicios hasta muy entrada la década de 1980. Para otros, esta relación entre ideología y ciencia va a ser clave para lograr posturas críticas y creativas ante las problemáticas del fenómeno urbano.

Más allá de quedarse en una u otra orilla, la distancia retrospectiva y contemporánea posibilita nuevas miradas. Por ejemplo, estudiar a fondo las implicaciones del marxismo, en sus múltiples vertientes, apropiaciones, formas e intensidades, en las ciencias sociales y en los estudios urbanos de cada país; ir más allá de los discursos de colonización y colonialidad; preguntarse por las apropiaciones, los diálogos creativos y la circulación de ideas. Y, en el mismo sentido, reconocer y estudiar la producción latinoamericana.21

Como lo recuerda la socióloga Isabel Franco Duque, la historia intelectual y la pregunta por las formas de conocimiento en nuestro continente no pude ser en una sola vía:

[…] las influencias foráneas, sumadas a las condiciones de posibilidad (técnicas, económicas, sociales y políticas) y a la experticia de los planificadores locales, han sentado las bases del urbanismo en América Latina. Sin embargo, cabe preguntarse si figuras como Brunner, Le Corbusier o Josep Lluis Sert también se vieron, de alguna manera, influenciadas por su paso por las ciudades latinoamericanas y por su intercambio de las ideas con expertos locales.22

En 1948, después de la segunda Guerra Mundial y en el contexto de la Guerra Fría, operó una nueva geopolítica. El antropólogo colombiano Arturo Escobar ha denominado este proceso como La invención del Tercer Mundo, consistente en la imposición de tres escenarios: el Primer mundo de los Estados modernos capitalistas; el segundo de los Estados modernos, pero comunistas, y el Tercer Mundo (América Latina, África, Asia) al que pretendían extender su influencia los otros dos en abierta rivalidad.23 Esta división y concepción del mundo y sus modos de interacción van a ser claves para entender las teorías hegemónicas, pero también las versiones “opositoras”, de resistencia o los modelos predominantes en el campo de los estudios urbanos.

En este contexto, surge la teoría de la marginalidad y economía dual, que predominó en la década de 1950 y tuvo auge los siguientes decenios (entre 1960 y 1970). Asumiendo esta división de tres mundos como una división entre países desarrollados y otros subdesarrollados, que deberían seguir el camino del desarrollo, sus perspectivas estuvieron centradas en el análisis de la pobreza urbana y la no integración de los pobres recientemente urbanizados en la vida y la economía urbana: “el concepto de marginalidad pasó rápidamente de una noción geográfica y económica a otra sociológica y psicológica”. 24 Para el caso de México, se destacan los trabajos que realizó el antropólogo estadounidense Oscar Lewis desde 1959, en especial sobre la idea de “cultura del slum25 y la también llamada teoría de la modernización, con repercusiones en todo el continente.

Esta perspectiva fue fuertemente criticada, entre otros, por el arquitecto Emilio Pradilla Cobos. En su opinión, la teoría de la marginalidad “consideraba el capitalismo como el modelo ideal, moderno, de desarrollo social, por lo cual quienes no participaban en él estaban ‘al margen’ de la sociedad, y quienes sí participaban, estaban ‘integrados’, lo cual contrastaba con la realidad que colocaba a obreros y a empleados integrados al sistema, en situaciones similares a las de los ‘marginados’”.26 Este autor sostiene que, como lo ha demostrado hasta hoy, el desarrollo capitalista no ha llevado a la eliminación de la situación de la marginalidad ni las condiciones precarias. De otro lado, como aporte de esta perspectiva, se reconoce la introducción del análisis del papel del Estado en la urbanización en Latinoamérica.

Los llamados teóricos de la dependencia o de la urbanización dependiente irrumpieron con fuerza en la década de 1970, marcando el clima intelectual y académico latinoamericano hasta finales de los años ochenta. Consideraban el proceso de urbanización como resultado de un tipo particular de desarrollo económico, capitalista dependiente, con efectos sobre el desarrollo urbano. La Cepal, fundada en décadas anteriores y bajo la guía del argentino Raúl Prebisch, estuvo relacionada con la formulación de la teoría de la dependencia, que buscaba incorporar la industrialización y otros cambios económicos en la región para adaptarla al orden de posguerra: “su premisa fundamental era que la dependencia se expresaba en la articulación de los intereses del capitalismo nacional con los del resto del sistema capitalista”.27

En la medida que las iniciativas desarrollistas de la Cepal se agotaron, el “dependentismo” pasó a ser una explicación alternativa marxista frente al desarrollismo de corte capitalista. En efecto, con los posteriores trabajos de los brasileños Celso Furtado, Fernando H. Cardoso y Enzo Faletto, entre otros, “la teoría se convirtió en una suerte de escuela marxista de las ciencias sociales, proveyendo una matriz histórica para entender el atraso de América Latina durantes las eras colonial y republicana, que incluía las dimensiones económica, política y social del subdesarrollo”.28

Asimismo, se acuñó el término de urbanización dependiente, proceso ligado a la relación entre países periféricos y centrales, analizados por autores como Manuel Castells en Imperialismo y urbanización en América Latina, de 1973, así como por Marta Schteingart en Urbanización y dependencia en América Latina, del mismo año. Los aspectos sociales y políticos de las ciudades latinoamericanas, en tanto escenarios dramáticos de esa urbanización, fueron tipificados por Marcos Kaplan, en 1972, y Aníbal Quijano, en 1977, entre otros.29

Una de las mayores críticas a esta perspectiva fue su énfasis en una historiografía urbana “economicista y sociologizada”, con aproximaciones a-históricas, comunes a la aplicación de modelos y teorías de corrientes científico sociales al Tercer Mundo. Igualmente, se señala que muchos trabajos fueron más interpretaciones que estudios empíricos fundados en la exploración cuidadosa de las fuentes, que hubo una carencia de proyección espacial y territorial y descuido de los aspectos culturales.30 Para investigadores como Arturo Almandoz, “esta ‘historia desde abajo’ preconizada por la interpretación dependentista, ‘priorizó el estudio de la urbanización demográfica y económica por sobre la ciudad y el urbanismo’”.31

Entre los aportes reconocidos a esta teoría se encuentra la importancia dada al papel del Estado como factor esencial para comprender la urbanización y que esta perspectiva facilitó la incorporación de la sociología urbana francesa y la difusión de sus ideas en la década de 1970 a través de las obras traducidas en español y portugués de autores como Henri Lefebvre, Manuel Castells, Jean Lojkine, Christian Topalov y Edmond Preteceille.32 Este enfoque de la sociología urbana francesa renovaba la reflexión sobre los problemas urbanos a través de tres formas:

  1. rechazando la idea de la autonomía del espacio urbano y aceptando el concepto de espacio socialmente producido;
  2. politizando los problemas urbanos al hacer hincapié en la relación entre el Estado y las clases sociales producida por las contradicciones urbanas; y
  3. introduciendo una serie más amplia de agentes de la escena urbana, muy particularmente los movimientos sociales.33

Al finalizar la década de 1980, investigadores como Fernando Carrión, Mario Unda, José Luis Coraggio, Samuel Jaramillo, Luis Mauricio Cuervo y Emilio Duhau hacen parte de un movimiento crítico frente a esta corriente predominante. Entre sus argumentos hay dos cuestiones claves: que la adopción del modelo básicamente francés de la sociología urbana marxista había sido demasiado “mecánica” y no permitía considerar rasgos específicos y particulares de las sociedades latinoamericanas, y, en segundo lugar, que el olvido del amplio abanico de los agentes sociales involucrados en los procesos urbanos contra la importancia concedida al Estado con carácter de ubicuo y monolítico no tenía en cuenta la diferenciación interna del “aparato” estatal y de los diversos organismos estatales. Así, la sociología urbana marxista dejaba de ser la escuela predominante en la investigación urbana, tanto en Francia como en América Latina, lo que coincidía con las crisis económicas, los procesos de reestructuación económica y la declinación del orden urbano fordista que había sido el marco de referencia para estas posturas. El neoliberalismo empezaba a marcar nuevas agendas.

Para estos años, la investigación urbana en la región ya contaba con una masa crítica de investigadores, universidades, centros de investigación y una formación diversa. En Brasil se destaca la Fundación de Associação Nacional de Pósgraduação e Pesquisa em Planejamento Urbano e Regional (ANPUR), en 1983; en México, la Red de Investigación Urbana, (RNIU), que data de 1987, y en Colombia, la Asociación Colombiana de Investigadores Urbanos y Regionales (ACIUR), de 1993. Además, presentaban una diversificación en los temas y orientaciones teóricas, entre los que se incluían: el patrón general de la urbanización y el impacto de la globalización en la reestructuración económica y espacial; las formas de producción de las ciudades; la reestructuración social de las ciudades y las cuestiones de la pobreza y de la polarización social, y los vínculos entre gobiernos locales, gestión urbana, ciudadanía y democracia.34

No obstante las dificultades arriba señaladas, también vale la pena estudiar los aportes y la renovación que el pensamiento marxista aportó a los estudios urbanos y que, incluso en la actualidad, vuelven a tomar fuerza por su contenido crítico y las posibilidades que brinda para estudiar la espacialización y materialización de tendencias y discursos en los territorios, desde perspectivas económicas, sociales, culturales y políticas. Por ejemplo, las relecturas y apropiaciones de los trabajos de Henri Lefebvre y de la geografía crítica anglosajona, representada en David Harvey, Edward Soja y Doreen Massey (apropiados para el caso latinoamericano). En este marco, cabe también preguntarse si fue la sociología francesa marxista la que posibilitó la reinserción del espacio en la teoría social crítica y la que espacializó la cuestión de la ciudad.

Como intenta mostrar este apartado, hay interesantes líneas de investigación en el campo de las teorías y modelos de los estudios urbanos en América Latina que están por estudiar desde una mirada geopolítica y comparada: la circulación de saberes y prácticas formuladas para contextos diferentes al latinomericano, las condiciones de posibilidad locales y apropiaciones de modelos y teorías foráneas, pero también la producción de un pensamiento latinoamericano propio. Estas líneas de trabajo nos ayudarán a comprender críticamente las formas en que hemos pensado e intervenido nuestras ciudades. A propósito de esta perspectiva, el siguiente apartado da algunas pistas que podrían compararse en las trayectorias de México y Colombia.

III. Miradas comparadas a la investigación urbana en México y Colombia

Uno de los puntos de coincidencia de los balances sobre la investigación urbana en América Latina tiene que ver con la disparidad entre los casos nacionales. Esto se explicaría por las diferencias en los procesos de urbanización y de la constitución de un pensamiento social, pero también por el lugar que las ciencias sociales le dieron –que le han dado– al fenómeno urbano frente a otras formaciones sociales, como las sociedades agrarias, desde la década de 1960.35 En este contexto, cabe destacar que México se ubica entre los países pioneros en tradición investigativa urbana en América Latina, junto a Argentina y Brasil, mientras Colombia pertenece a un segundo grupo de países.

En efecto, en el campo de la investigación urbana y territorial, tanto a nivel latinoamericano como mundial, la academia mexicana ofrece interesantes perspectivas no sólo para pensar las similitudes y generalidades con otros casos nacionales, sino precisamente para comprender las particularidades. Entre dichas cuestiones se encuentran los diálogos y cercanías con las academias anglosajonas y europeas; la combinación de las visiones locales y perspectivas latinoamericanas; los avances en la realización de balances historiográficos sobre los estudios urbanos, tanto desde áreas como la arquitectura, la planificación y el urbanismo, hasta el campo de las ciencias sociales y humanas, y el desarrollo y consolidación institucional, tanto en ámbitos académicos y editoriales, como con la creación de programas interdisciplinarios.

Para el caso de Colombia, en los últimos quince años hay un creciente interés en temas urbanos, expresado en la conformación de nuevos posgrados en el campo de los estudios territoriales; la creación y consolidación de redes y asociaciones; los programas para la conservación del patrimonio; el desarrollo de instrumentos para la planificación y el ordenamiento territorial, y la proliferación de monografías, tesis de grado y artículos de revista ocupados de estas temáticas. No obstante, la reflexión sobre las formas de producción de conocimiento en el campo de la investigación urbana (que comprenden asuntos tan diversos como las condiciones materiales, las perspectivas teóricas y metodológicas, las redes intelectuales y la circulación del conocimiento, el desarrollo institucional, la producción de teorías y contenidos, la formación académica, los componentes ideológicos y políticos) ha sido un tema marginal.36

Siguiendo esta línea comparativa y teniendo en cuenta la disparidad de las trayectorias, pero también de balances historiográficos e información disponible para los casos de Colombia y México, a continuación se esbozan algunos puntos que podrían ser interesantes líneas de investigación comparada a propósito de la comprensión de las formas de producción de conocimiento en los campos de la investigación urbana en América Latina y sus implicaciones en la intervención y transformación de las ciudades.

Un primer punto de mira tiene que ver con el surgimiento de lo urbano como un objeto de conocimiento y campo de intervención relacionado con las problemáticas que emergían o empezaban a agudizarse en la década de 1960. Fenómenos como el aumento exponencial de población, la migración masiva del campo a la ciudad, el déficit habitacional, la precariedad en los servicios públicos, las luchas sociales y los movimientos urbanos se sintieron tanto en Colombia como en otros rincones del continente. No obstante estas convergencias, hay unos ingredientes particulares de cada país que no deben perderse de vista. En el caso colombiano, la violencia, los conflictos armados, la presencia de guerrillas, grupos armados ilegales y el narcotráfico han marcado las agendas y problemáticas territoriales. Por ejemplo, el aumento demográfico de mediados del siglo xx no fue sólo por la atracción de las nuevas industrias y servicios de las ciudades, sino que estuvo relacionado con expulsiones y desplazamientos violentos, luchas por la tenencia de la tierra y la propiedad privada.

Según los sociólogos Orlando Sáenz y Fabio Velásquez, es difícil encontrar para Colombia investigaciones sobre la urbanización y la dinámica de las ciudades a comienzos de la década de 1960. Por aquellos años, la Reforma Agraria fue el gran problema nacional que acaparaba las disusiones políticas y académicas y fue este el tema donde se centró la mayor parte de la producción investigativa de las ciencias sociales del país.37 El interés por el fenómeno urbano empezó a evidenciarse entre los científicos sociales finalizando los años sesenta, cuando las problemáticas evidenciadas en las calles y en los barrios fueron decisivas. En el caso mexicano, según Gustavo Garza, el acelerado proceso de urbanización y la industrialización que tomaban fuerza en la década de 1940 produjeron un viraje en los estudios de la realidad mexicana que incorporaba el mundo urbano y la ciudad como un nuevo universo a explorar desde campos como la antropología, la sociología, la demografía y la economía.38

Otra de la característica que valdría la pena explorar en detalle respecto a las particularidades y dimensiones del fenómeno urbano tiene que ver con que, históricamente y en términos territoriales, Colombia ha tenido un sistema de ciudades más o menos equilibrado, mientras que en México algunos investigadores han hablado de una “macrocefalia urbana”, donde la capital, la ciudad de México, es casi cuatro veces más grande en población y extensión que Guadalajara y Monterrey. Sería muy interesante indagar cómo esta disparidad se ha reflejado o no en los énfasis investigativos de cada país. Es decir, si el peso de ciudad de México ha hecho que los estudios urbanos mexicanos hayan estado mayoritariamente centrados en esta urbe.

Para la década de 1960, en el contexto latinoamericano, Brasil y Colombia fueron los únicos países cuya red urbana estaba más equilibrada.39 Al lado de Bogotá, la capital colombiana, ciudades como Medellín, Barranquilla, Cali y Bucaramanga han tenido un peso económico, demográfico, cultural y político importante en las dinámicas del país. Como hipótesis, podría pensarse que este equilibrio en una red urbana de ciudades puede explicar que la investigación urbana no haya estado sólo centrada en Bogotá, sino que puedan rastrearse estudios importantes de varias ciudades del país en las décadas del inicio y consolidación de la investigación urbana.

Otro punto central con las trayectorias de la investigación urbana tiene que ver con las relaciones entre academia y Estado, el soporte institucional y las repercusiones de dichos apoyos o su asuencia en la creación de programas académicos, la financiación de posgrados y la creación de organismos de planeamiento urbano y metropolitano. Si bien tanto en México como en Colombia los estudios urbanos han estado vinculados al Estado, habría que considerar las particularidades de cada uno. Por ejemplo, en el caso mexicano la relación con el Estado fue clave para que se conjugaran problemas de investigación social y de administración pública urbana y se fortalecieran instituciones como El Colegio de México. Además de esto, el temprano desarrollo de las ciencias sociales y humanas respecto a otros países como Colombia, la contribución de exiliados suramericanos, los proyectos políticos nacionales donde la historia y la antropología jugaron un papel decisivo, fueron algunos de los ingredientes que posibilitaron que cobraran fuerza la sociología urbana, la antropología urbana y, en general, los estudios urbanos desde las ciencias sociales. 

En el caso colombiano, la relación del Estado con la investigación urbana ha estado más ligada a los campos de la arquitectura, el urbanismo, la planificación y la economía. Centros de investigación de la Universidad Nacional de Colombia, como el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID), en la década de 1960 realizaron estudios y planes reguladores para las ciudades, tuvieron importantes recursos y apoyos de la administración pública y de cooperación internacional y fueron claves para los inicios de la investigación interdisciplinaria en el ámbito urbano.

Por otra parte, como intentó mostrarse en apartados anteriores, la relación entre ideología y ciencia o de saber y poder, va a ser clave para entender los avatares de los estudios urbanos en América Latina entre las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, en Colombia esta relación va a tener unos matices importantes, no sólo por la asociación de partidos políticos de izquierda y vertientes como el marxismo con grupos guerrilleros; por las divisiones y disputas internas entre la misma izquierda que tenían implicaciones teóricas y metodológicas (socialistas, comunistas, trotskistas, maoístas); por la asociación del campo de la economía con la derecha, sino también por la forma en que circularon las teorías y los avances en la investigación urbana en el país.

Las publicaciones de izquierda40 son importantes para entender las formas de producción y circulación de la investigación urbana en el caso colombiano, tales como la edición y traducciones de libros clave del marxismo y la consolidación de las revistas y la prensa como medios de divulgación académica e incidencia política. Por ejemplo, mientras en otros países de América Latina para la misma época, entre 1970 y 1980, la investigación urbana circulaba en revistas especializadas como Medio Ambiente y Urbanización (Argentina), Espaço e Debates (Brasil), Ciudad y Cultura (Perú), Estudios Demográficos y Urbanos, Ciudades y Vivienda (México), Revista Urbana (Venezuela), Cuadernos del cendes (Venezuela) y Proposiciones (Chile),41 en Colombia uno de los principales medios de circulación fueron las revistas de izquierda, como Revista Foro, Ideología y Sociedad, Economía Colombiana y Coyuntura Social y la publicaciones periódicas como el Semanario Voz, órgano de expresión del Partido Comunista.

Además de estas relaciones particulares entre ideología y ciencia, cabe señalar que para estas décadas Colombia no contaba con el desarrollo editorial de países como Argentina y México, donde editoriales como Siglo XXI, el Fondo de Cultura Económica y Porrúa, además de las editoriales universitarias y colecciones estatales, han desempeñado un papel clave en las formas de producción y circulación de conocimiento.

IV. Anotaciones finales

Avanzar en el estudio de las formas de producción de conocimiento en el campo de la investigación urbana, o en una historia social del conocimiento en América Latina, es una tarea urgente que nos permite entender las trayectorias de cada país, pero también las implicaciones latinoamericanas y globales de las formas como hemos pensado, estudiado e intervenido nuestros territorios. Dichas trayectorias tienen que ver con los inicios y consolidación de los estudios urbanos, los énfasis teóricos y metodológicos, el desarrollo institucional, la relación entre ideología y ciencia, así como del Estado con otros actores, tanto privados como comunitarios y las formas de circulación, apropiación y producción de conocimiento, entre otros.

En este contexto, la historia brinda importantes herramientas teóricas y metodológicas para esta tarea, como las historias transnacional, comparada o conectada; el cambio de la escala de observación, tanto espacial como temporal; la mirada de diversos periodos y temporalidades, y la historización crítica de teorías, metodologías y fenómenos que hemos naturalizado.

La historia comparada, por ejemplo, posibilita explorar las dimensiones geopolíticas de la investigación urbana y sus consecuencias; articular proyectos pensados no sólo para ciudades y países, sino para todo un continente (América Latina) y tomar posiciones críticas frente a sus implicaciones. Por ejemplo, ha sido común hablar de “recepción” de teorías, de “influencias” extranjeras, pero esta denominación nos sitúa en un lugar de subordinación que no permite pensar en la producción regional y tampoco en las implicaciones políticas de dichos proyectos. América Latina, África y Asia no fueron sólo un “campo de experimentación” durante la Guerra Fría para que científicos norteamericanos y europeos produjeran conocimiento. Es necesario comprender circuitos más complejos, con relaciones de ida y vuelta y en tensión, que involucran tanto las realidades y especificidades geohistóricas de estos continentes, como también la producción de saberes y conocimientos locales.

Estas miradas históricas y geopolíticas, y el pensamiento sobre el movimiento, permiten desnaturalizar y cuestionar los modelos, teorías, metodologías y formas de producción de conocimiento que han atravesado a América Latina y que han querido trazar únicos destinos posibles (en la actualidad, en pro del neoliberalismo). Y, en esta medida, comprender la complejidad de los fenómenos territoriales actuales y sus posibilidades de transformación.

NOTAS

1 Este artículo es producto de la estancia doctoral realizada en el Centro de Investigaciones en Arquitectura, Urbanismo y Paisaje (ciaup), de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma Metropolitana-unam, en la Ciudad de México, bajo la tutoría de la Doctora Carla Filipe Narciso.

2 María Ligia Coelho Prado, “América Latina: historia comparada, historias conectadas, historia transnacional”, Anuario de la Escuela de Historia 24 (2013): 9-22.

3 Es el caso de los trabajos de la arquitecta colombiana Silvia Arango Cardinal donde, a través de la metodología de las generaciones, busca similitudes y denominadores comunes de la América Latina moderna. Desde una visión crítica del concepto de influencia, anota cómo: “las influencias no ‘llegan’ sino que ‘se escogen’ y, por ello, en todo proceso de contacto entre culturas, cuando algo influye de manera intensa y duradera, esta influencia dice más de la cultura receptora que de la emisora”, Ciudad y Arquitectura. Seis generaciones que construyeron la América Latina moderna (México: Fondo de Cultura Económica Colombia, 2012), 14.

4 Giovanni Levi, “Un problema de escala”, Relaciones, Estudios de Historia y Sociedad 95 (2003): 283.

5 Publicados por el Centro de Investigaciones Ciudad de Quito, con el apoyo de la Fundación Ford, los cuatro volúmenes fueron coordinados por Fernando Carrión, Mario Unda y José Luis Coraggio. El primero está dedicado a los “Estudios Nacionales”; el segundo a “Viejos y nuevos temas”; el tercero a “La ideas y su contexto”, y el cuarto a “Conversaciones sobre los caminos por recorrer”.

6 El Proyecto Internacional Iniciativa Global para la Investigación Urbana (guri, por sus siglas en inglés) fue una de las iniciativas destacadas que tuvo el apoyo de la Fundación Ford. Coordinada por la Universidad de Toronto en Canadá, inició en 1992 y tuvo varias etapas hasta 1998, cubriendo un amplio grupo de países de América Latina, Asia y África. En el caso latinoamericano, la primera etapa consistió en un análisis comparativo de tres subregiones: México-Colombia y Centroamérica; Brasil y Venezuela, y los países andinos y del Cono Sur, que exploraron la investigación urbana considerando los temas estudiados, las perspectivas teóricas y disciplinarias, y la estructura institucional, entre otros. Algunos de los resultados de dicho proyecto aparecen en el tercer volumen de la serie editada por Richard Stren, titulado Latin American, Urban Research in the Developing World (Canadá: Universidad de Toronto, 1995).

7 Karl Schlögel, En el espacio leemos el tiempo. Sobre Historia de la civilización y geopolítica (Madrid: Siruela, 2007), 36.

Por no decir que las transformaciones espaciales posibilitaron dichos procesos, siguiendo la producción del espacio de Henri Lefebvre.

9 El interés de David Harvey de leer históricamente y en clave espacial el capital atraviesa toda su obra, logrando incorporar análisis geográficos al materialismo histórico. Al respecto, sobresale su libro La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural (Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998). Entre los aportes centrales de este trabajo, se destaca su visión crítica del posmodernismo, historizándolo, visibilizando las condiciones espaciotemporales que produce y discutiéndolo como una condición histórica-geográfica.

10 Para el caso mexicano, ver los trabajos del geógrafo austriaco Christof Parnreiter, “Ciudad de México: el camino hacia una ciudad global”, Revista Eure 85 (2002): 89119; “La división del trabajo como una relación socio-espacial, o cómo reconciliar la ciencia económica y la geografía”, Economía unam, 39 (2016): 106-119.

11 Emilio Duhau López, “La investigación urbana y las metrópolis latinoamericanas”, en Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, comp. Blanca Rebeca Ramírez Velásquez y Emilio Pradilla Cobos, vol. 1 (México: uam-Xochimilco, 2011), 35-38.

12 Para estudiar los particulares efectos de la crisis económica de 1930 en algunos países de América Latina, véase Paulo Drinot y Alan Knight (coord.), La gran depresión en América Latina (México: Fondo de Cultura Económica, 2015).

13 Álvaro Tirado Mejía, Los años sesenta. Una revolución en la cultura (Bogotá: Penguin Random House, 2015), 99.

14 Desde varias perspectivas disciplinarias y con investigaciones desde la década de 1960, se destacan los trabajos de Richard Morse, Alan Gilbert, Claude Bataillon y Peter Singer.

15 Richard Morse fue un historiador estadounidense que dedicó gran parte de su vida al estudio de países latinoamericanos como Cuba, México, Argentina y, sobre todo, Brasil. En Puerto Rico participó en la Fundación del Instituto de Estudios del Caribe. Algunos de sus trabajos fueron traducidos en México a través del Seminario de Historia Urbana del inah, donde fue invitado a participar en varias conferencias, seminarios y proyectos editoriales conjuntos. Junto al argentino Jorge Enrique Hardoy jalonaron varios eventos y publicaciones. Entre sus trabajos claves se encuentran: Las ciudades Latinoamericanas: Antecedentes y Desarrollo Histórico, 2 vols. (México: SepSetentas, 1972); Ensayos histórico-sociales sobre la urbanización en América Latina (Buenos Aires: Clacso-Ediciones Siap, 1978); Repensando la ciudad de América Latina (Buenos Aires: gel, 1988); Nuevas perspectivas en los estudios sobre historia urbana latinoamericana (Buenos Aires: gel, 1989). Para conocer sobre sus perspectivas, consultar Helena María Bousquet Bomeny, “La historia como vocación. Entrevista a Richard Morse”, Secuencia 19 (1991): 141-158.

16 Richard Morse, La investigación reciente sobre Latino-América: examen selectivo y comentarios (Buenos Aires: Ediciones Siap, 1971), 1.

17 Roberto Eibenschutz y Rafael Rodríguez, “Globalización, desarrollo y ciudades. ¿Venticinco años de política urbana en México”, en Reflexiones sobre política urbana, coord. Alfonso Xavier Iracheta Cenecorta (Zinacantepec: El Colegio Mexiquense, 2013), 47-79.

18 Además de sus programas de formación y de investigación, la publicación Cahiers des Amériques Latines, que se edita desde lo década de 1960, es un referente importante para dar cuenta de la investigación en y sobre América Latina. Para más información, consultar el sitio web del Instituto: http://www.iheal.univ-paris3.fr/es.

19 Al igual que su homóloga francesa, la revista interdisciplinaria Latin American Research Review, creada en 1965, es un importante medio a la hora de revisar las investigaciones sobre Latinoamérica y el Caribe. Véase http://lasa.international.pitt.edu/esp/.

20 Para ampliar la información sobre la Siap, véase Luis Eduardo Camacho, “Sociedad Interamericana de Planificación, SIAP 50 años. Vida institucional y programática”, Revista Bitácora Urbano Territorial 11 (2007): 268-284.

21 En esta última línea, se destacan los trabajos publicados en los dos volúmenes de Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, por Blanca Rebeca Ramírez Velásquez y Emilio Pradilla Cobos, resultado de las discusiones en el Seminario Taller Internacional del mismo nombre, realizado en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en la Ciudad de México en octubre del 2011. Se trata de una apuesta política que busca reconocer las aportaciones teóricas y metodológicas latinoamericanas sobre los estudios urbanos y regionales y construir un pensamiento teórico propio acorde con nuestras realidades y retos urbanos. En dicho evento también se acordó la conformación de la Red Latinoamericana de Investigadores sobre Teoría Urbana, cuyo sito web es: http://www.relateur.org/

22 Isabel Duque Franco (ed.), Historiografía y planificación urbana en América Latina (Bogotá: Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Geografía, Universidad Nacional de Colombia, 2013), 13.

23 Para ampliar esta perspectiva desde enfoques antropológicos, geográficos y geopolíticos, véase Arturo Escobar, La invención del Tercer Mundo. Construcción y deconstrucción del desarrollo (Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana, 2007) y John Agnew, Geopolítica: una re-visión de la política mundial (Madrid: Trama editorial, 2005).

24 Lucía Valladares y Madga Prates Coelho, “La investigación urbana en América Latina. Tendencias actuales y recomendaciones – Discussion paper No. 4” (sin fecha). Versión digital, consultada en Diciembre 28, 2016. http://digital-library.unesco.org/ shs/most/gsdl/cgi-bin/library?e=d-000-00—0most–00-0-0–0prompt-10—4——01l–1-en-50—20-about—00031-001-1-0utfZz-8-00&a=d&c=most&cl=CL4.1&d=HAS Ha35a270236f3ece0393a7d

25 Entre otros trabajos, editado por primera vez en inglés en 1959 y con traducción al español en 1961, véase Oscar Lewis, Antropología de la pobreza: cinco familias (México: Fondo de Cultura Económica, 2016).

26 Emilio Pradilla Cobos, “La economía y las formas urbanas en América Latina”, en Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, comp. Blanca Rebeca Ramírez Velásquez y Emilio Pradilla Cobos, vol. 1 (México: uam- Xochimilco, 2011)

27 Valladares y Prates Coelho, “La investigación urbana en América Latina”.

28 Arturo Almandoz, Entre libros de historia urbana. Para una historiografía de la ciudad y el urbanismo en América Latina (Caracas: Equinoccio-Universidad Simón Bolívar, 2008) , 163

29 Arturo Almandoz, Entre libros de historia urbana, 164.

30 Descuido sobre la cultura que habría sido superado por el historiador argentino José Luis Romero en su libro Latinoamérica: las ciudades y las ideas, publicado en 1976. Su prematura muerte dejó varios proyectos inconclusos, como una historia de las ciudades y las culturas urbanas, con el título de La ciudad occidental y que complementaría el de América Latina. Para conocer su trayectoria, entre otros, véase: Sergio Bagú et al. De historia a historiadores. Homenaje a José Luis Romero (México: Siglo xxi, 1982) y Félix Luna, Conversaciones con José Luis Romero sobre una Argentina con historia, política y democracia. (Buenos Aires: Timerman Editores, 1975).

31 Arturo Almandoz, Entre libros de historia urbana, 164-166.

32 Para ampliar este tema, véase Gianfranco Bettin, Los sociólogos de la ciudad (Barcelona: Editorial Gustavo Gilli, 1982).

33 Valladares y Prates Coehlo, “La investigación urbana en América Latina”.

34 Emilio Duhau López, “La investigación urbana”, 30-35.

35 Fernando Carrión M., La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos y por recorrer. Una aproximación desde los países (Quito: Ciudad, 1989), vi.

36 Hasta el momento no se ha rastreado para el caso colombiano un balance general y de largo alcance como el que Gustavo Garza realiza para el caso mexicano: Cincuenta años de investigación urbana y regional en México, 1940-1991 (México: El Colegio de México, 1996). A manera de artículos publicados en trabajos síntesis de América Latina, cabe destacar el de Orlando Sáenz y Fabio Velásquez, “La investigación urbana en Colombia” que aparece en el primer volumen de La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos y por recorrer. Una aproximación desde los países y “La investigación y formación en lo urbano regional en Colombia: entre avances marcados y grandes retos”, de Thierry Lulle, Angélica Camargo y Peter Brand, publicado en el libro La cuestión urbana en la región andina. Miradas sobre la investigación y la formación (Quito: Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2016). También, el libro La ciudad y las ciencias sociales: ensayos y aproximaciones, compilado por Germán Mejía Pavony y Fabio Zambrano Pantoja en el 2000, aunque no todos los trabajos son referidos al caso colombiano.

37 Orlando Sáenz y Fabio Velásquez, “La investigación urbana en Colombia”, en Fernando Carrión, , La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos y por recorrer. Una aproximación desde los países (Quito: Ciudad, 1990), 76.

38 Gustavo Garza, Cincuenta años de investigación urbana y regional en México (México: El Colegio de México: 1996), 54.

39 Valladares y Prates Coehlo, “La investigación urbana en América Latina”.

40 En esta materia, véase Juan Guillermo Gómez García, Cultura intelectual de resistencia. Contribución a la historia del “libro de izquierda” en Medellín en los años setenta (Bogotá: Ediciones Desde Abajo, Colciencias y Universidad de Antioquia, 2005).

41 Véase Valladares y Prates Coehlo, “La investigación urbana en América Latina”.


REFERENCIAS

Almandoz, Arturo. “Modernización urbanística en América Latina. Luminarias
extranjeras y cambios disciplinares, 1900-1960”. Revista Iberoamericana 27
(2007): 59-78.
_____. Entre libros de historia urbana. Para una historiografía de la ciudad y el urbanismo
de América Latina. Caracas: Equinoccio-Universidad Simón Bolívar,
2007.
Arango Cardinal, Silvia. Ciudad y Arquitectura. Seis generaciones que construyeron
la América Latina moderna. México: Fondo de Cultura Económica Colombia,
2012.
Calvo Isaza, Óscar. Urbanización y Revolución. Técnica y política en Santiago de
Chile, Buenos Aires y Ciudad de México (1950- 1980). Tesis de doctorado, El
Colegio de México, 2013.
Carrión, Fernando (ed.). La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos
y por recorrer. Estudios Nacinales. Vol 1., Quito: Ciudad, 1989.
Coelho Prado, María Ligia. “América Latina: historia comparada, historias conectadas,
historia transnacional”. Anuario de la Escuela de Historia 24 (2013):
9-22.
Cuervo, Luis Mauricio. “El falso espejo de la ciudad latinoamericana”. Documento
Serie Gestión Pública, Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación
Económica y Social (Ilpes). Santiago de Chile, diciembre del 2005, 22.
Duhau López, Emilio. “La investigación urbana y las metrópolis latinoamericanas”.
En Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, vol. 1,
comp. por Blanca Rebeca Ramírez Velásquez y Emilio Pradilla Cobos,
21-52. México: uam-Xochimilco, 2011.
Duque Franco, Isabel (ed.). Historiografía y planificación urbana en América Latina.
Bogotá: Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Geografía,
Universidad Nacional de Colombia, 2013.
Eibenschutz, Roberto y Rafael Rodríguez. “Globalización, desarrollo y ciudades.
¿Venticinco años de política urbana en México”. En Reflexiones sobre
política urbana, coord. Alfonso Xavier Iracheta, 47-79. Zinacantepec: El Colegio
Mexiquense, 2013.
Escobar, Arturo. La invención del Tercer Mundo. Construcción y deconstrucción
del desarrollo. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana, 2007.
Garza, Gustavo. Cincuenta años de investigación urbana y regional en México. México:
El Colegio de México, 1996.
Hardoy, J. E. y R. Morse (comps.) (1988), Repensando la ciudad de América Latina.
Buenos Aires: gel/iied América Latina.
Levi, Giovanni, “Un problema de escala”. Relaciones, Estudios de Historia y Sociedad
95 (verano de 2003): 279-288.
Harvey, David. La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes
del cambio cultural. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998.
Morse, Richard. La investigación urbana Latino Americana: tendencias y planteos.
Buenos Aires: Siap, 1971.
Romero, José Luis. Latinoamérica, las ciudades y las ideas. México: Siglo xxi,
1976.
Sáenz, Orlando y Fabio Velásquez. “La investigación urbana en Colombia”. En
Carrión, Fernando. La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos
y por recorrer. Una aproximación desde los países, 101-131. Quito: Ciudad,
1990.
Schlögel, Karl. En el espacio leemos el tiempo. Sobre Historia de la civilización y
geopolítica. Madrid: Siruela, 2007.
Silva, Renán. Política y saber en los años cuarenta. El caso del químico español A.
García Banús en la Universidad Nacional. Bogotá: Universidad de los Andes,
2001.
Stren, Richard. Urban Research in the Developing World, vol. 3: Latin America. Toronto:
University of Toronto, 1995.
Tirado Mejía, Álvaro. Los años sesenta. Una revolución en la cultura. Bogotá: Penguin
Random House, 2015.
Valladares, Lucía y Madga Prates Coelho. “La investigación urbana en América
Latina. Tendencias actuales y recomendaciones – Discussion paper No.
4.” (sin fecha). Versión digital, consultada en Diciembre 28, 2016. http://digital-
library.unesco.org/shs/most/gsdl/cgi-bin/library?e=d-000-00—0most–
00-0-0–0prompt-10—4——0-1l–1-en-50—20-about—00031-001-1-0utfZz-
8-00&a=d&c=most&cl=CL4.1&d=HASHa35a270236f3ece0393a7d.


 

Eulalia Hernández Ciro
Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín


Fecha de recepción: 22 de noviembre de 2016
Fecha de aceptación: 17 de mayo de 2017

Descargar PDF

DOI: http://dx.doi.org/10.22201/fa.2007252Xp.2017.15.60404