A lo largo de su trayectoria académica las autoras, Blanca Ramírez y Liliana López, han tratado de comprender la construcción teórica, social y política de los conceptos asentados en el título de su libro. Esto mediante revisiones históricas que enmarcan diferentes periodos y cambios que se han producido en las ciencias sociales, particularmente en la geografía, tomando en cuenta desde Vidal de la Blanche hasta Edward Soja y, en el contexto latinoamericano, a Milton Santos. 

Espacio, paisaje, región, territorio y lugar son conceptos que, más allá de su definición y uso académico, poseen una amplia cobertura semántica y, por tal razón, forman parte de nuestro lenguaje y práctica cotidiana. Al mismo tiempo, están estrechamente relacionados con la acción política y sobrepasan las fronteras de la geografía. Esto ocasiona que cobren diferentes matices y consideraciones que permitan analizarlos desde una mirada multidisciplinaria y que, por lo tanto, surjan interpolaciones al momento de definirlos. Asimismo, brotan las distinciones epistemológicas y los enfoques teórico-metodológicos que cada disciplina asume. Por esta razón, como bien manifiestan las autoras, existe un uso indiscriminado de los conceptos y una disonancia literaria, gradualmente más visible en la producción académica reciente que omite las especificidades de los distintos procesos socio-espaciales. En este sentido, la obra se presenta como un reto teórico-conceptual y metodológico para las investigadoras. 

El trabajo se estructura en cinco capítulos. En el primero se presenta la revisión del concepto espacio, en un debate que va desde los enfoques cuantitativos de la geografía a la construcción del espacio social. Para ello las autoras se centran en la postura crítica y radical, finalizando con la exposición de las diferentes posturas de la posmodernidad donde revisan a Foucault, la trialéctica del espacio de Edward Soja, el giro culturalista y concluyen con el espacio de flujos de Manuel Castells. 

En el segundo capítulo las autoras revisan el concepto paisaje y reconocen que éste parte de las artes y la estética a la naturaleza. Se detienen en su representación expuesta en el paisajismo y hablan sobre su construcción como concepto académico, con particular énfasis en el pensamiento latinoamericano y en la arquitectura. 

El tercer capítulo analiza el concepto región, siguiendo la ruta que va de la escuela francesa de Vidal de la Blanche a los modelos matemáticos de la escuela alemana. Posteriormente, se aborda la teoría de los polos de desarrollo, donde se destaca la propuesta marxista de finales del siglo xx, sus aportes al nuevo debate regional y sus implicaciones al desarrollo regional en Latinoamérica. 

El concepto que se desarrolla en el cuarto capítulo es territorio, el cual muestra, una vez más, el eurocentrismo de las conceptualizaciones, ya que transita entre las visiones anglosajonas y francesas, demostrando que éstas han sido importantes para desarrollar el pensamiento latinoamericano. 

Las autoras finalizan su reflexión con lugar, concepto que posiblemente sea el más reciente y complejo en las discusiones académicas. Éste se desprende, sobre todo, de los aportes de la geografía humanista y de las visiones marxistas. 

En el texto introductorio, Blanca Ramírez y Liliana López Levi sitúan el debate de la cuestión conceptual de acuerdo con cuatro orientaciones: su definición a través de la postura de diferentes autores (sobre todo en el marco de la geografía); la necesidad de resignificar los conceptos por la multidimensionalidad de las transformaciones sociales; la importancia de la historia para entender su significado y su teorización al interior de los distintos debates que la misma teoría que los definen han originado, y, finalmente, la carencia de debates interdisciplinarios que permitan entender la complejidad del pensamiento contemporáneo en la dimensión espacial de la sociedad. 

El análisis del espacio parte de su indagación como área o porción de la superficie terrestre: el espacio absoluto y contenedor (aquel que definieron Newton y Euclides: tridimensional y que fue objeto de investigación de la geografía hasta las décadas de los 40 y 50 del siglo xx) en que se establecen los modelos clásicos de la economía espacial. Es hasta mediados de la anterior centuria cuando el espacio se vuelve un concepto clave en la geografía, pero también en otras disciplinas como el urbanismo y la arquitectura, aunque con marcos históricos diferentes. En este planteamiento la visión marxista es fundamental para entender la producción social del espacio desde la localización y la división espacial del trabajo donde destacan los aportes de David Harvey, desde la geografía, y de Lojkine y Topalov, desde la sociología. 

Al continuar el recorrido histórico-cronológico, las autoras aluden a la visión humanista de espacio donde la subjetividad es un elemento importante para comprenderlo, ya que está vinculado a los sentimientos y emociones, que hasta entonces habían sido desatendidos de los análisis. En este sentido, enfatizan el trabajo de Yi Fu Tuan. Asimismo, las reflexiones teóricas de Foucault fueron importantes para su comprensión, ya que gracias al autor francés entendieron el espacio desde una óptica del poder. Esta mirada ha sido retomada por algunos geógrafos de corte marxista, como en el caso de Doreen Massey y Milton Santos, quienes asumen las aportaciones de Lefebvre, y conceptualizan el espacio social como tal. Por esta razón, ambos geógrafos plantean la necesidad de una nueva teoría geográfica en que la escala sea determinante para entender los sistemas inherentes a la producción y construcción del espacio, los cuales distan de la visión de la produc-ción tecnológica del espacio de Manuel Castells. 

Para acercarse al paisaje, las autoras se apoyan en el trabajo de Milani en los fundamentos del paisajismo, en la historia del arte de los jardines y en la representación de los distintos momentos históricos plasmados en la pintura (especialmente la del Renacimiento, el simbolismo, el impresionismo y el expresionismo). Como concepto académico el paisaje se empieza a definir a partir de la conjunción de elementos naturales y humanos (es decir, el método de análisis utilizado para entender la región). Lo anterior es visible en el trabajo de Carl Sauer, quien conceptualizó el paisaje como la interrelación de todos sus componentes para identificar determinada realidad como un todo, por lo que no pueden ser analizados por separado. El carácter descriptivo de Sauer fue cuestionado por la ausencia de la dimensión cultural y fue hasta la primera mitad del siglo XX que el paisaje se consolidó como un eje que estructuraba el conocimiento y el orden geográfico, donde la naturaleza y la cultura quedan comprendidas. 

El concepto de región en un marco de discusión académica es abordado inevitablemente a partir de la escuela francesa de Vidal de la Blanche, aun cuando su origen proviene de una estructura de gestión política centralista del Imperio Romano para delimitar las áreas de administración local. Después, en el marco del Estado moderno, se definió región a partir de las unidades naturales de los Estados. Por último, fue gracias a la escuela alemana que este concepto comenzó a definirse a partir de los modelos matemáticos de Christaller, así como de las teorizaciones que derivaron de éstos para el análisis regional. 

Posiblemente el concepto territorio sea el que tiene una tradición de reflexión académica más corta, pero en la actualidad ha ganado una amplitud de teorización a consecuencia de los distintos procesos socio-espaciales de un nuevo orden capitalista neoliberal. Según las autoras, es hasta mediados del siglo xx cuando este concepto pasó de ser sólo una porción de la superficie terrestre delimitado por su jurisdicción a uno de extrema importancia, sobre todo en Latinoamérica y para el debate urbano regional contemporáneo. Lo anterior dado que la construcción de territorio proviene de la escala del espacio vital del cuerpo y la casa, lo que evidencia una relación entre interior y exterior. En esta oposición se establecen diferentes fronteras, ya sean políticas (Sack) o simbólicas (Raffestein), donde queda evidenciada la complejidad de la territorialidad. 

Finalmente, lugar es quizás el concepto con una menor tradición académica. En ese sentido, no es de extrañar que las referencias vengan de autores anglosajones como Harvey, Massey, Smith y Cresswell; y que se hable de lugar a partir del concepto espacio. De igual manera, las autoras señalan que el desarrollo del capitalismo no podía expli-car las identidades específicas que se construían en la producción social y la apropiación simbólica del espacio en su localización significativa. Por último, retoman el pensamiento utópico como la base de formación de lugar, sobre todo para la geografía cultural. 

La importancia de comprender cómo las disciplinas –y en particular la geografía– desarrollaron su pensamiento, gracias a la construcción de los conceptos bases que las conforman, permite entender las bases metodológicas, así como las particularidades de la información que los datos arrojan cuando procuramos entender la dimensión socio- -espacial de la sociedad en un contexto histórico determinado. Ciertamente, esto amerita reflexiones más profundas, pues un concepto no sólo tiene significados sino también usos y, en efecto, son éstos los que lo van definiendo y moldeando según las prácticas y representaciones a lo largo del tiempo y de la historia. Lo anterior permite la precisión epistemológica necesaria para la constitución del propio objeto de investigación. Sobre este punto, me parece necesario un trabajo de este tipo y, al mismo tiempo, las contradicciones que presenta, ya que no determinan la aplicación de determinado concepto estableciendo los límites teóricos a partir de ejemplos de la práctica. 

Acercarse a los autores clave para la geografía, así como a otras ciencias sociales, permite entender las líneas epistemológicas y las tradiciones de pensamiento gracias a las que evolucionan los conceptos. De igual manera, se revela la carga ideológica que éstos presentan, lo que amerita una profundización sobre su construcción monopolizadora –en cierto sentido imperialista– y sus implicaciones geopolíticas, ya que el poder es transversal. Además, los conceptos son el producto de procesos y de distintas trayectorias que, si bien no siempre se explican por sí solos, la relación de los distintos marcos epistemológicos sí permite entenderlos. 

La dificultad de la comprensión de los conceptos está en la propia confusión que los autores de referencia establecen, ya que no definen los límites y las fronteras conceptuales; es decir, no siempre es claro hasta qué punto el espacio no es territorio o lugar, dónde el paisaje se convierte en región y territorio, dónde la región y territorio es espacio, o bien, dónde el lugar es territorio. Acaso habría que señalar que para una investigación de este tipo hubiera sido importante idear una estructura similar en cada capítulo (aun cuando la construcción de cada concepto es distinta), la cual permitiera develar las distintas trayectorias histórico- -conceptuales de cada uno. De igual modo, sin tratar de establecer una postura epistemológica, hubiera valido la pena recurrir al trabajo de algunos autores de la misma geografía tales como Perroux, Peet, Gottdiener, Gothein, Buttimer, Ana Fani y Unwi. 

Para finalizar, hay que enfatizar que los trabajos de este tipo son necesarios y más aún porque han sido poco desarrollados en las áreas de las humanidades. Lo anterior porque los conceptos son elementos lógicos centrales en la construcción del conocimiento y del razonamiento lógico, además de que, innegablemente, son determinantes para la comprensión de la realidad.

Espacio, paisaje, región, territorio y lugar: la
diversidad en el pensamiento contemporáneo
Blanca Rebeca Ramírez Velázquez
Liliana López Levi
Ciudad de México, Universidad Autónoma
Metropolitana, Unidad Xochimilco/Instituto de
Geografía, UNAM
2015
ISBN Obra completa 970-32-2965-4
205 pp.

Carla Filipe Narciso

Centro de Investigaciones en Arquitectura, Urbanismo y Paisaje

Facultad de Arquitectura, UNAM

Fecha de recepción: 11 de enero de 2017
Fecha de aceptación: 06 de febrero de 2017

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DOI: http://dx.doi.org/10.22201/fa.2007252Xp.2017.15.60410